Perogrulladas


 Hay en todas partes del mundo perogrulladas y, por supuesto, nosotros no tenemos por qué ser la excepción.  «Perogrullada» la define el diccionario como la «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla».  Hagamos un recuento de esas cosas que parecen obvias en nuestro ambiente.

Eduardo Blandón

Es una digna perogrullada afirmar, por ejemplo, según mi atrevido juicio, que la mayor parte de los polí­ticos tienden a vivir de manera descarada del saqueo al erario público.  No se necesita tener tres dedos de frente ni ser muy perspicaz para enterarse que muchos se meten al oficio de servidor público (¡qué contradicción!) para exprimir al Estado y medrar de manera rápida y eficaz.  Esta perogrullada nos puede poner en vergí¼enza si uno la proclama como un hallazgo inédito.

Decir que el famoso delito de pánico financiero es una ley hecha a la medida de los banqueros es también una perogrullada.  Estos señores que presumen de honorables (quizá haya alguno) en realidad conocen a la perfección el arte de salir siempre airosos en sus empresas.  No hay modo de hacerlos perder, incluso si las empresas quiebran, muchos saben cómo evadir la ley y salvar su propio dinero.  De verdad, nunca va a ver en este paí­s a un banquero en la cárcel.

Siguiendo con los bancos, hace dí­as se habló que en uno de ellos se presumí­a lavado de dinero.  Pregunta: ¿Será sólo el único en donde de verdad se realicen esas acciones, ahora calificadas de abominables?  Según la prensa internacional el lavado de dinero es, más que la excepción, la regla en muchas partes del mundo.  ¿Tendrí­amos que ser nosotros los raros?  De aquí­ que, suspicaz que soy, es una perogrullada decir que un banco del sistema lava dinero.  El lavado está de moda y no hay que sorprenderse ni poner cara de espanto por algo casi «natural» de los muchachos de la banca.

En noticias recientes se afirma que un polí­tico denunció un plan para asesinarlo.  Muchos comentaron ayer que se trata de un show polí­tico.  ¿Verdad que es de Perogrullo?  Los polí­ticos están en campaña permanente y lejos de ver el bien de la nación se desvelan por llegar al poder.  En realidad, seamos francos, todo el paí­s vive en zozobra por un plan maquiavélico de exterminio.  Los primeros que deberí­amos denunciar un plan para matarnos somos los que andamos por la calle, subimos a los buses o se nos ocurre llegar tarde a casa.  ¿Por qué no lo hacemos?  Porque no somos polí­ticos ni andamos en campaña, somos simplemente obreros y buenas personas.

Ya ve, entonces, cómo hay tanta obviedad en el ambiente y la gente tiene razón al molestarse cuando uno las escribe en la prensa.  Los lectores se molestan, por ejemplo, si uno escribe que algunos medios de información en el pasado apoyaron desvergonzadamente a Berger y ahora presumen de crí­ticos frente al gobierno de Colom.  Muestran su enojo porque eso que se dice parece evidente, no hay novedad y, dicen a grito, «obvio, eso todo mundo lo sabe».

Lo que no parece evidente ni obvio, en otro ámbito más allá del polí­tico y de nuestras fronteras, es que hoy vaya a ganar Barcelona.  El partido de hoy nos lo va a demostrar. 

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