El caso Rosenberg en la prensa extranjera


El asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg y las acusaciones que formuló en un video grabado antes de su muerte causaron un tremendo revuelo no sólo a nivel nacional sino también internacional.

Félix Loarca Guzmán

Por su importancia, a continuación reproducimos algunos fragmentos del artí­culo que con el tí­tulo SIN FRONTERAS: Guatemala en el ocaso, el periodista Luis ílvarez publicó sobre este caso en el periódico La Opinión que se edita en Los íngeles, California, Estados Unidos:

«Guatemala merece mucho más que una profunda investigación para dar con el asesino del abogado Rosenberg. Lo que el paí­s demanda a gritos es una cirugí­a mayor practicada por actores independientes, para devolverle la vida a este enfermo desfalleciente.

No se puede pedir menos en un paí­s donde todaví­a el 98% de los crí­menes quedan sin resolver, en un estado en el que prácticamente nadie confí­a en las instancias oficiales…

Y que no vengan ahora algunos dirigentes a vestirse con ropajes ajenos, a llevar agua a sus molinos en este momento de incertidumbre. Aquí­ no hay una solución simplista como pedirle al presidente que deje el cargo incondicionalmente.

Nada quisiera más el señor Otto Pérez Molina, militar retirado y quien perdió la contienda presidencial hace poco más de un año frente a Colom. Esto no es un asunto de «quí­tate tu pa» ponerme yo». No señores. Tenemos que refrescarnos la memoria. El asesinato de Rosenberg es quizá el epitafio de una larga cadena de atroces muertes cuyos autores intelectuales todaví­a pululan en el paí­s en la más absoluta impunidad.

En el tiempo de las dictaduras de derecha, abundaron los crí­menes de lí­deres de derechos humanos, sindicalistas y opositores al gobierno. En la historia más reciente también se pueden contar el asesinato del ex candidato presidencial Jorge Carpio Nicolle, de la Unión del Centro Nacional (UCN), así­ como del obispo auxiliar de Guatemala, monseñor Juan Gerardi.

De manera que este tenebroso esquema de liquidar de inmediato a quien decide «hablar más de la cuenta» no es nada nuevo en Guatemala. Yo no digo que el presidente Colom sea culpable. Tampoco aseguro que sea inocente. Sólo dejo claro que esta nueva tragedia tiene ribetes que van mucho más allá de la presidencia.

Que los guatemaltecos no se engañen. Esto no es un asunto de salir a la calle y convertir este momento en una rebatiña polí­tica entre seguidores y adversarios del mandatario y su partido. Este crimen es simplemente el corolario de una larga historia de impunidad, de la ausencia de bisturí­ en un sistema judicial cuyo tumor nadie se ha atrevido a exterminar. ¿Cuántos Rosenberg, Carpio y Gerardi tendrán que morir para que alguien tome la sartén por el mango?».