Irracionales


En teorí­a los seres humanos deberí­amos conducirnos con lucidez, dejándonos guiar, se dice, por la razón.  Una persona con esta capacidad, la literatura y la gente en general la juzga como sensata, juiciosa y hasta sabia.  Lo contrario, es actuar según el instinto, cegado por las circunstancias, movido por el impulso.  Es lo que llaman algunos acto irracional, animalesco, poco sabio.

Eduardo Blandón

Muchos de nuestros actos y hasta dirí­a que la mayorí­a son de este último tipo.  No es cierto que nos caracterice el juicio, la sensatez ni la prudencia.  Somos impulsivos y solemos sentenciar de manera precipitada, casi irresponsablemente.  Esto lo hacemos en todos los ámbitos de la vida diaria y quizá aún más en el polí­tico.  Examinemos algunos de esos juicios arrebatados que según mi opinión pululan en el ambiente.

1. La esposa del Presidente de la República, Sandra de Colom, no deberí­a tener un papel tan protagónico en la administración pública porque eso hace lucir mal a su esposo.  Tanta actividad demuestra que quien manda es ella y, lógicamente, su mujer es quien lleva los pantalones.  Por otra parte, no es muy bonita y viene del área rural: no conoce la realidad del paí­s. 

Para nadie es un secreto que si alguien levanta pasiones en la vida pública es la esposa del Presidente.  Y, a mi manera de ver, son los juicios en contra de ella los que mejor demuestran nuestra irracionalidad, ira e insensatez.  Y, por favor, no vaya a pensar que esta «sin razón» es propia de gente ignorante, hay también entre algunos periodistas que se jactan de cultos, una irracionalidad de campeonato que los hace lucir muy mal.

2. La causa de nuestros males debe buscarse en la oligarquí­a y el ejército, son ellos quienes han empobrecido el paí­s y los responsables de nuestra triste situación.  Ellos no saben sino robar, expropiar y explotar.  Ahora mismo, son ellos quienes complotan contra el gobierno y los que movilizan a las masas para hacer caer al Presidente.

El odio que nos ciega a esa categorí­a llamada «ricos» puede ensombrecer nuestra razón y volvernos fanáticos.  De hecho, hay algunos de izquierda (muchos amigos mí­os) a quienes los términos «ricos», «empresarios» y «finqueros»,  por ejemplo, les pone los pelos de punta y el discurso de siempre en la lengua.  ¿Tiene sentido tanta ira?

Los ejemplos pueden abundar en eso de nuestros prejuicios.  Quien lleva un tatuaje, lo calificamos de marero y ladrón.  Quien habla y defiende a los pobres es de izquierda: comunista maldito.  Quien dice algo a favor de Colom es mercenario, vendido y vividor de erario público (culebra).  Y, finalmente, quien critica al gobierno es complotista.

Ya se ve que vivir de manera juiciosa es complicada.  Convenzámonos que lo nuestro no es la sensatez ni la racionalidad, sino lo contrario.  Son más nuestros momentos de torpeza e irracionalidad que los de lucidez e inteligencia.  Trabajémonos para no caer en estas fallas demasiado humanas.