Ayer fue publicado en elPeriódico, páginas 16 y 17, un reportaje en relación a la apertura de los archivos de la Policía Nacional de Guatemala; en donde están documentados miles de casos de ciudadanos guatemaltecos y extranjeros, hombres, mujeres, niños, ancianos, católicos, protestantes, mormones, viejos, jóvenes, campesinos, estudiantes, obreros y líderes sociales, que fueron «desaparecidos» o ejecutados por las «fuerzas del orden» de los gobiernos de la época represiva del conflicto armado.
fermo@intelnet.net.gt
Los casos ilustrativos presentados a los lectores, dejan un amargo sabor al recordar o conocer por vez primera, parte del modus operandi de los miembros de las instituciones que estaban llamadas por la ley a defender los bienes y la vida de la población (léase Policía Nacional, Guardia de Hacienda y Ejército Nacional), en la ejecución y /o desaparición de miles de personas durante los últimos 40 años.
El conocimiento público del «Diario Militar» abrió la puerta al interés social por conocer el paradero de quienes fueron privados de su libertad y ejecutados de forma clandestina en cuarteles de policía, cuarteles militares, sótanos y prisiones privadas de funcionarios públicos al servicio de la añeja oligarquía criolla, la cual pretendió mediante el silencio de la muerte, callar las voces de denuncia a un sistema de explotación e ignominia en contra de la población.
La pérdida humana en el sector intelectual, sindical e incluso religioso, privó a Guatemala del empuje social hacia un desarrollo humano con dignidad y decoro. Los tres casos relacionados en el reportaje son impactantes, no sólo por la desaparición/ muerte de las víctimas, también por las secuelas psicológicas que aún perduran en sociedad.
Ningún resarcimiento económico puede compensar la pérdida de un ser querido, de la angustia y el terror de un secuestro ejecutado por los miembros de las instituciones señaladas con lujo de fuerza y abuso de autoridad utilizando la infraestructura represiva gubernamental; aunque hayan pasado 39 años, de tan viles sucesos como en mi caso personal acaecido en 1970 y del cual por la gracia de Dios puedo contarme como uno de los pocos sobrevivientes de esa trágica época.
Viene a mi memoria el nombre de guatemaltecos que sucumbieron ante los verdugos institucionales uniformados y vestidos de «paisanos» quienes fueron utilizados para mantener por medio del terror de Estado, el status quo de los verdaderos dueños y propietarios de Guatemala. Sólo de esa forma se puede entender el enfado y críticas adversas hacia algunas tibias manifestaciones de reconocimiento social realizadas por el actual gobierno; a lo que la burguesía /oligarquía /ricos/e incluso, la burguesía de servidumbre califican como medidas populistas de corte socialista.