La palabra vicaria (en femenino) se usa en semiótica para una de sus discusiones teóricas más interesantes, sobre las imágenes figurativas: en torno a cómo se produce el conocimiento de las figuras a través del llamado «efecto de semejanza» o, precisamente, de manera vicaria. Â
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Es decir, la representación de cualquier objeto el ser humano la capta de acuerdo con un criterio de pertinencia, que no poseen las cosas representadas. Uno de los más brillantes semiólogos, el italiano Umberto Eco, ha considerado que no existe una pertinencia icónica instituida por reglas de semejanza o similitud. El estudioso piemointés, ha señalado que existe algo así como una iconicidad primaria… que es una especie de vicariato de la imagen. Y aunque no la define, introduce un concepto denominado estímulos sustitutivos, para intentar explicar el fenómeno de la percepción humana.
Eco dice que, por ejemplo, las fotografías (siguiendo la lógica de ese vicariato) son simples estímulos que nos permiten interpretar como naturales las cosas que observamos, que percibimos. Hasta aquí lo que dice la teoría semiótica del brillante estudioso de la semiótica.
¿Pero que pasa si las fotografías son verdaderas o están trucadas?, ¿o si están manipuladas en su puesta en escena? ¿Cómo podríamos leer, entonces, todas las portadas de los diarios guatemaltecos del día lunes 18 de mayo, pasado?, ¿hay posibilidad de estructurar un análisis semiótico a partir de esas portadas de periódicos y que trascienda la seria crisis institucional que está atravesando el país?
Sí, sí la hay. Es posible leer todos los signos que implican la connotación de esta crisis, desde la perspectiva del enunciador de los mensajes (la prensa nacional), así como los enunciados y los posibles enunciatarios a los que va dirigida esa comunicación periodística. Esa colección de carátulas de los cinco diarios capitalinos, reflejan fielmente el pensar del sector prensa nacional.
Mucho más que el simplista esquema de emisor-mensaje-receptor, tendríamos que leer con atención ese cúmulo de discursos de tipo periodísticos (radiodifundidos, televisados, impresos, y hasta en los medios electrónicos en Internet) realizados durante la semana del 11 de mayo a la fecha de hoy. Sería un análisis sumamente interesante, del que saldrían conclusiones verdaderamente reveladoras.
Yo me atrevería a solicitar que se hace necesario -creo que urgente- que un grupo de investigadores independientes de comunicación, realicen este estudio con el objeto de revelar qué hay detrás de todo ese manejo de mensajes, muchos de ellos en calidad de juicios políticos, en los que subyace un impresionante componente ideológico fácil, fácilmente identificable.
Roland Barhes nos había dicho, en su extraordinario libro Mitologías, que es necesario investigar los Mitos en las sociedades de hoy, para conocer el modo de significar de los conglomerados actuales. Porque recordemos que cualquier contenido y cualquier materia son trabajables por el mito, porque este es un lenguaje y tanto lo oral como lo gráfico, están conformados por un proceso de significación. Esos lenguajes hablan de lo que dicen, esa es su denotación, pero se deben estudiar desde la perspectiva de la significación mítica: su segunda significación, lo que connotan.
En todo caso, las máscaras y los espejos que los medios masivos de comunicación transmiten, refleja esa naturalidad que hace gala el vicariato de la imagen, que en su iconicidad primaria (Eco), hace parecer o simular como fuera de una objetividad absoluta, en el marco de la información periodística, muy apegada a los valores tradicionales de confirmación de todas sus fuentes.
       Es decir que la vicaria -no me estoy refiriendo a ninguna persona- se roba el papel en el juego de la representación, ya que es ella la que para mandando, pues tiene «las veces, poder y facultades de otro, o le sustituye», dice el diccionario Quillet, y coincide el DRAE. ¡Qué curioso, verdad!