Ocasionalmente algún lector me escribe para expresar su inconformidad con determinado artículo que he publicado, al señalar que no soy objetivo en mis apreciaciones. Tiene razón.
eduardo@villatoro.com
Casi todas las opiniones de los columnistas y de los mismos lectores que envían acotaciones a los artículos tienden a ser subjetivas, porque reflejan la ideología o el estado de ánimo de quien escribe en las páginas de los diarios impresos, y de ahí la diversidad de perspectivas sobre un mismo personaje o acontecimiento, aunque el columnista intente ser lo más objetivo posible para plantear, examinar y dilucidar el caso que aborde.
Lo contrario podría esperarse de las informaciones de prensa, pero tampoco la divulgación de noticias está exenta de la subjetividad del reportero o del Jefe de Redacción e incluso del Director del medio, cuando se tienen intereses en pugna, de manera que las notas informativas no escapan totalmente al criterio subjetivo de los comunicadores.
Traigo a colación esas empíricas divagaciones a propósito de la crisis política que afronta el país, en virtud de que -como lo advertí el sábado anterior- la mayoría de los columnistas han cerrado filas en contra del régimen del presidente ílvaro Colom, en tanto que uno que otro articulista ha expresado su disfrazado apoyo al mandatario.
Al aceptar que el columnista tiene el derecho de externar su opinión conforme su tendencia ideológica, reitero que no debería ser lo mismo en lo que respecta a las reseñas meramente informativas, en el sentido de que la información debe estar apegada lo más fiel que se pueda a la realidad de los sucesos, a fin de que el lector, radioescucha o televidente cuente con informaciones ecuánimes, lo que, adicionalmente, redunda en beneficio de la credibilidad del medio y del derecho de los ciudadanos de estar debidamente informados.
Finalmente, entre las opiniones vertidas en torno al caso del asesinato cometido contra el abogado Rodrigo Rosenberg -como en otros temas de mi interés- he acudido a la Internet para enterarme del criterio de periodistas que, presumo, no están contaminados o presionados por grupos de poder en Guatemala, y de esa cuenta leí un artículo de Luis ílvarez, de La Opinión Digital, quien, después de extensa exposición, resume la realidad guatemalteca, al sentenciar que «Este crimen (el de Rosenberg) es simplemente el corolario de una larga historia de impunidad, de la ausencia de bisturí en un sistema judicial cuyo tumor nadie se ha atrevido a exterminar».
 (El reportero Romualdo Tishudo leyó en Internet este titular de la agencia Télam, de Argentina: «Detienen al presunto violador de la bicicleta» -Cómo le haría?, pregunta incrédulo mi colega).