La profunda crisis económica y financiera internacional -que afecta a Guatemala- tiene una perspectiva preocupante para organizaciones de trabajadores de la región, quienes lejos de angustiarse por la caída de las bolsas de valores, temen por el aumento de la pobreza y el hambre en Centroamérica.
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«Es una crisis económica, pero lo que menos nos preocupa son los números», así empieza la disertación del sindicalista nicaragí¼ense, José Zepeda, en una convención centroamericana de organizaciones de trabajadores.
«Y es que está muy claro, los verdaderos perdedores de esta y todas las crisis no son los bancos o los empresas transnacionales, que aunque siempre reportan supuestas pérdidas, estas las pagan los pueblos y los trabajadores», señala.
De acuerdo con el líder sindical y analista laboral, la «internacionalización» de la reciente crisis económica y financiera marca una nueva tendencia económica, ya que la concatenación de los sistemas financieros globales permite que los efectos de la crisis se transfieran de un país a otro.
De esa cuenta, refiere que Centroamérica, a pesar de no tener relación directa con los sistemas inmobiliarios estadounidenses, resultó como una de las regiones más afectadas por la crisis y la desaceleración económica de Norteamérica y Europa.
EFECTOS
Los sindicalistas de Centroamérica realizaron un pronunciamiento común sobre la crisis, que dista -en buena medida- de las muestras de preocupación de los funcionarios de Estado y analistas económicos por los indicadores macroeconómicos y las expectativas de crecimiento.
«Nos interesa saber qué va a pasar con la seguridad alimentaria y el acceso a los satisfactores básicos, la salud y estabilidad emocional de la población», dijo el sindicalista guatemalteco Luis Lara, del Frente Nacional de Lucha.
«No podemos impedir que los efectos de la recesión de Estados Unidos nos afecte como país y región, pero podemos exigir que nuestros Estados respondan efectivamente a estas amenazas», señala.
Las organizaciones de trabajadores dejaron ver que una de las medidas más efectivas para detener la «catástrofe social» provocada por la caída de la economía, se encuentra en la regulación de los mercados y precios, para facilitar el acceso universal a los alimentos y servicios básicos.
Sin embargo, sostienen que las transformaciones estructurales de los sistemas económicos son aún más importantes. «El Estado debe cumplir con su papel garante de los derechos fundamentales. La aplicación de políticas agrarias justas y extensivas para todos los campesinos debería ser una prioridad», sostiene Lara.
EN EL AGRO
Debido al potencial agrícola del istmo, este factor es uno de los más importantes que deberían ser considerados en medio de la crisis regional, sostiene el sindicalista de Costa Rica, í‰dgar Morales.
«No es posible que Centroamérica sea un granero y un depósito de alimentos para todo el mundo pero que nuestra propia gente sufra de hambre y sed».
De esa cuenta las políticas agrarias integrales se perfilan como una de las «necesidades más surgentes» en medio de la crisis, por lo que el acceso a la tierra es el principal tema de discusión.
«Atrás se quedarán todos los balances económicos y financieros de los bancos, nos interesa que esta crisis económica no intensifique nuestra histórica crisis de hambre y violencia», puntualiza Morales.
José Zepeda
Sindicalista nicaragí¼ense
Luis Lara
Frente Nacional de Lucha.
í‰dgar Morales.
Dirigente sindical de Costa Rica