Cuando uno quiere encontrar razones para seguir creyendo que un mejor país es posible, las autoridades se empecinan en demostrarnos que la tarea es más titánica de lo que parece.
pmarroquin@lahora.com.gt
Ayer por la tarde leí las declaraciones del Superintendente de Bancos, quien parece más el jefe de las relaciones públicas del sistema bancario, en las que seguía amenazando a diestra y siniestra a la población y en las que, además, adelantó que el Ministerio Público solicitará que condenen de 5 a 10 años de prisión a un joven que expresó su opinión por Internet.
En un país donde los banqueros han robado millones al mejor estilo de películas de Hollywood sin que por ello tengan que pasar pena alguna, no digamos cumplir una condena, ¿cómo no hacer para preguntarnos si en Guatemala tenemos claro qué es justicia?
Los banqueros que han estafado a los cuentahabientes de una manera que llora nada menos que sangre, ni siquiera han tenido que lidiar con los ataques en círculos sociales, porque para muchos fueron ejecutivos que «tomaron malas decisiones» y con ello justifican por qué no hay delito.
Pero a un pobre usuario de una red social que emite un comentario, no sólo lo hacen pasar una noche en prisión preventiva, pagar nada más y nada menos que 50 mil quetzales sino que, además, lo quieren condenar a una pena inconmutable.
¿Soy yo, o es para volverse loco? ¿Quién, ante esta situación, no se sentirá frustrado, avergonzado e indignado? Ya lo decía yo, aquí se castiga a quien no se debe y al pícaro se le encumbra. Pero la pregunta de fondo es, ¿con estas situaciones hacia dónde podemos llegar? ¿Podremos cambiar algún día? ¿Tendremos algún chance de ser un país digno?
Preocupa mucho que en medio de esta crisis institucional, en la que cada día los guatemaltecos perdemos más confianza en los poderes estatales y entidades gubernamentales, las autoridades se centren en hacerlo todo para aumentar esa desconfianza.
¿Pero quién puede devolver la confianza a la gente? ¿Quién en nuestra sociedad puede inspirarnos para creer que si cerramos filas con él, su equipo y más importante sus ideales, podemos cambiar? A mi juicio, ninguno de los llamados líderes de hoy.
Y la razón de lo anterior, es nada más y nada menos porque los correctos, los de principios ya no se quieren meter porque saben que meterse implica tener que jugar sucio.
Por eso, una vez más insisto en que los correctos, los de ideales y principios puros, los que no combatimos quién hace el negocio sino que combatimos el negocio, nos debemos unir y solo así, podemos tener un chance de largo plazo para cambiar el país.
Ojalá no sea muy tarde cuando lo hagamos.