El Tercer Mundo en el viejo Sur


Movilizarse por las áreas rurales de Arkansas y Tennessee es como trazar una pincelada anecdótica, similar, en cierta forma, a lo que se vive en las áreas rurales de Guatemala, una especie de submundo dentro del Tercer Mundo. Tennessee, un trozo de ese tercer mundo rural de los Estados Unidos, un territorio de igual extensión que Guatemala, todaví­a con grandes espacios cruzados por la red pluvial más grande del mundo, el Rí­o Misisipi con más de 7,800 kilómetros añadidos con el Arkansas descendiendo desde la frontera del Canadá cerca de los Grandes Lagos hasta el Golfo de México junto a Nueva Orleans, un rí­o tan imponente que en algunas partes de su trayecto se le puede confundir con el mar.

Doctor Mario Castejón

Memphis la capital del Estado creció al costado del Misisipi en el corazón del viejo Sur y es la ciudad natal de Elvis Presley, famosa no solamente por recordar al Rey del Rock & Roll sino por su cocina que produce el mejor «chili» del mundo a juicio de los gourmet sureños. Las horas que pasamos con Cristy, mi esposa y compañera en una destartalada estación de Greyhound en Memphis, me hicieron recordar mis primeras lecturas de niño cuando devoraba los libros de Marck Twain, que se centran en las figuras de Tom Sawyer y su amigo Huckleberry Finn, navegando en el gran Rí­o, sobre una balsa viendo pasar los grandes barcos de rueda, iluminados que esparcí­an música durante la noche. Dos rapaces con sombreros de palma, camisa de cuadros y pantalones deshilachados a las rodillas, fumando en pipas de mazorca de maí­z. Recuerdo que en algún lugar leí­ que Marck Twain quien no se llamaba así­ -su nombre era Samuel Langhorne Clemens – hizo suyo ese seudónimo recordando el grito del vigí­a de los barcos de vapor que anunciaba la profundidad para evitar que encallara en las partes bajas del rí­o, la marca extrema que anunciaba el peligro eran dos brazadas y cuando se acercaba a estas se escuchaba el grito: marc twain, que significaba «marca dos» usando una contracción del inglés antiguo. .

Little Rock en Arkansas es otro lugar del tercer mundo sureño que se dio a conocer durante la lucha por los derechos civiles cuando D. Eisenhower un presidente Republicano, quien como conservador se suponí­a era menos susceptible a enfrentarse con los poderes ocultos detrás de la discriminación racial, se enfrentó a ellos ordenando a la Guardia Nacional que asegurara que la Escuela de Little Rock permitiera el paso a los niños negros impedido por las barricadas de los blancos que se oponí­an que sus hijos compartieran aulas con los niños de color.

Esos fueron dí­as de tensión que vivimos a través de los primeros aparatos de televisión en blanco y negro al final de los años 50. También la cocina de Little Rock es famosa por sus platos de pescado frito, el «catfish empanizado estilo Old South» acompañado del Cobbler de cereza con helado de vainilla. El rí­o Arkansas uno de los grandes afluentes del Misisipi nace en sus vecindades, una región eminentemente agrí­cola en donde por donde quiera se ven circular vehí­culos de trabajo con banderas de la Confederación del Sur y los nombres de Robert E. Lee y Stonewall Jackson héroes de la Guerra Civil los heredan a sus hijos de generación en generación. Los vehí­culos rurales con sus consabidas banderas de barras estrelladas dejan ver un fusil atravesado detrás del asiento, sin embargo, la gente es respetuosa y la violencia tiene bajo perfil.

Circular en un autobús de Greyhound en el sur de los Estados Unidos hoy en dí­a, es casi como hacer el recorrido de la India en vagones de tercera clase. Mi experiencia anterior con Greyhound habí­a sido 53 años atrás, en 1956, cuando las rentas de automóviles no habí­an dominado el mercado del transporte, los buses eran realmente excelentes y las terminales ní­tidas, en aquellos tiempos todaví­a me tocó vivir la discriminación con la gente de color que era obligada a usar los asientos traseros, cuando bien les iba, y eran aislados en los restaurantes a lo largo de la ruta.

Cada vez que pienso todo lo que se logró en 50 años hasta el dí­a de hoy, en que un Presidente Afroamericano ocupa la Casa Blanca, me parece mentira. La gente recuerda el dí­a que en un motel de Memphis un franco tirador con un fusil de caza asesinó a Luther King provocando un estallido de violencia en los Estados Unidos y todaví­a tengo presente el cortejo fúnebre del gran hombre atravesando la ciudad de Atlanta, jalando el ataúd por una carreta de mulas

En Benton un pequeño suburbio de Little Rock, asistimos a una Convención de antiguos cazadores, hoy conservacionistas y tiradores de salón con rifles de aire. Un pequeño suburbio y en el centro del poblado un jardí­n de muertos frente a una Iglesia de estilo colonial inglés que en sus murales lleva escritos los nombres de sus hombres que murieron en todas las guerras desde la Independencia, sin que ninguno discuta su procedencia o color. De Benton siguió el recorrido de 24 horas, pasando por Nashville la capital del Estado para encontrarnos con William Laney un anciano escritor ocupado en medio de su pobreza de conferenciar en favor de la gente que no posee nada.

En aquel autobús atestado de trabajadores agrí­colas migrantes, homeless y gente pobre de todos los colores llegamos desde Atlanta a Gainesville conducidos por un hombre pulcramente uniformado que manejaba a los pasajeros y su vehí­culo con la dignidad del capitán de un trasatlántico, era Robert Marble un piloto de helicóptero sobreviviente de la 105 Airborne destacada en Vietnam, quien como recuerdo lleva en el brazo derecho un soporte de platino, un hombre que con su actitud da la impresión de alguien que sigue teniendo una misión en la vida.

Para terminar, fue una experiencia extraordinaria que no se podrí­a comprar ni con mucho dinero, un aire fresco para el espí­ritu.