Pelona


Como la obra de Ionesco, con alopecia, pelada, vací­a. Así­ se ven las montañas y colinas que conducen a las Verapaces, tristes, sombrí­as, desoladas a veces y en otras ocasiones los árboles mueren de pie, y no es que intente recurrir al teatro para ejemplificar el panorama, es que así­ se ve, de esa forma la naturaleza se va acabando.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

Ese triste paisaje, contrasta sin embargo, con el que las personas pitan en las comunidades, como en Santa Bárbara, San Jerónimo, o ya en ese municipio muy cerca del trapiche. La gente, pese a la pobreza que poco a poco  uniforma este paí­s y lo que eso conlleva, sonrí­e, canta, sí­, como festejando las gotas de lluvia que empiezan a caer, mientras las veredas se van llenando de niebla y misticismo.

 

Las mujeres sonrí­en, los hombres apresuran el paso y los niños y niñas esperan con ansias que cese la lluvia para brincotear en los charcos. La alegrí­a es genuina, apaga los incendios, esos que junto con el contrabando de maderas rasura los terrenos, de pronto entacuchados de zaranes, de progreso dicen…

 

Y es que si bien es cierto que el cultivo de helechos y otras plantas ornamentales brinda trabajo a muchas personas de esta área, es más cierto aún que destruyen la vida, la flora, la fauna, el panorama, las leyendas?. ya no se verá al quetzal volar por el biotopo, ahora aparece en la Avenida La Reforma.

 

Han peloneado la vista de los caminos, los cerros, los parques se han adoquinado, están torturando las plantas de las áreas protegidas, están tapizando de nylon negro el horizonte.

 

Claro que es absurdo, como en las tablas. Es patético, es lamentable, es vergonzoso, es terrible, como esto que escribo, es como un grito, un llamado de angustia para hacer algo, para evitar un desenlace fatal. Es necesario que las autoridades de medio ambiente hagan algo oportuno y preciso para evitar esas quemas sin cuidado, para multar esos montones de camiones repletos de troncos en la carretera, para reforestar ahora que la lluvia empiece a caer y nutre la tierra. Es justo, además, que todos y todas colaboremos, sembremos un árbol, apaguemos una luz cuando no es necesaria y empeñemos cuidados para no dejar a Guatemala pelada. (de eso se encargan los polí­ticos).