Ayuda a desplazados


Pakistán se moviliza, con ayuda financiera estadounidense, para asistir a una marea de 1,5 millones de refugiados obligados a abandonar sus hogares a consecuencia de la ofensiva lanzada hace un mes contra las milicias talibanes en noroeste del paí­s.


Pakistán ordenó la ofensiva el pasado mes, presionado por Estados Unidos para acabar con los militantes en el noroeste del paí­s, que según Washington amenazaba la existencia del paí­s musulmán y suponí­a la mayor amenaza terrorista para Occidente.

A medida que el conflicto continúa sin perspectiva de finalizar, crece la preocupación sobre cómo ocuparse de los desplazados, en un movimiento que las organización humanitarias han identificado como el mayor desplazamiento de población desde la separación de Pakistán de India en 1947.

Para hacer frente a esta situación, la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, anunció ayer una ayuda de urgencia de 100 millones de dólares que permitirá la entrega de nuevas carpas para los desplazados, radios, carne halal, agua, generadores y otras provisiones. Parte de los fondos se destinarán también a la compra de trigo paquistaní­ para reactivar la economí­a local.

Clinton también aplaudió lo que describió como un «cambio nacional de actitud» respecto a los talibanes en el paí­s y elogió la ofensiva militar contra los extremistas.

Decenas de miles de personas viven en los campos gestionados por el gobierno, en tiendas de campaña bajo el calor asfixiante del verano, en condiciones sanitarias insuficientes, furiosos por la ofensiva que dicen destrozó sus casas y sus cultivos.

Otros cientos de miles se han instalado en casa de familiares repartidos por todo el territorio, una situación que complica el esfuerzo de los organismos de ayuda internacional para llegar el gran número de desplazados.

«Ni nosotros ni el gobierno se esperaban a este número de refugiados. El gobierno no está haciendo todo lo posible para ayudar a las familias», dijo Rienk Van Vezlen, director de comunicaciones regionales de la ONG World Vision.

«Hay mucha necesidad a largo plazo… Creo que habrá que esperar al menos cuatro o cinco semanas, si no es más (antes de que acabe la crisis)», añadió.

Pakistán nombró a un respetado militar, el General Nadeem Ahmad, para dirigir su respuesta de emergencia y el primer ministro, Yusuf Raza Gilani, pidió la convocatoria de una conferencia internacional de donantes en Islamabad.

El presidente paquistaní­ Asif Ali Zardari reunió hoy a su gobierno y a responsables de la ONU para analizar las necesidades de ayuda y de rehabilitación.

Gilani estimó hoy que Pakistán estaba luchando contra los talibanes en dos frentes: militarmente en las montañas y enfrentándose a la crisis humanitaria.

El gobierno y la sociedad civil se enfrentaba a una «tarea gigantesca» para ayudar a los desplazados, cuyo número previsiblemente aumentarí­a, añadió.

Rashid Khalikov, director de la oficina humanitaria de la ONU en Nueva York, advirtió de que los trabajadores humanitarios estaban desbordados por la cantidad de desplazados que amentaba con velocidad vertiginosa.

Unos 15 mil militares combaten contra unos 4 mil insurgentes talibanes en el valle de Swat (noroeste), según el ejército.

El grueso de las operaciones se han llevado a cabo con aviones y helicópteros, que según los crí­ticos, han causado la muerte de civiles.

El analista polí­tico Anees Jillani indicó que el Partido Popular de Pakistán (PPP) del presidente Zardari y el Partido Nacionalista Pashtún (ANP), que controla el gobierno en el noroeste, podrí­an verse afectado por la crisis.

«Tendrá efectos muy negativos en las próximas elecciones. Tanto el PPP como el ANP van a sufrir si su gobierno no gestiona a los desplazados eficientemente», dijo Jillani.