Ojalá no sea arrancón de macho viejo…


Ayer, platicando con un buen y querido amigo, le comentaba mis inquietudes respecto a este momento histórico que vive nuestro paí­s, debido a que soy de los que no quisieran que esta reacción que vemos hoy, sea únicamente un arrancón de macho viejo.

Pedro Pablo Marroquí­n
pmarroquin@lahora.com.gt

Las circunstancias no pueden ser más extremas para Guatemala y el momento se presenta como una oportunidad de oro para hacer cambios de fondo que nos permitan dirigirnos en una ruta de verdadero desarrollo.

Los que nos preocupamos por el paí­s, consideramos que es importante avanzar con el tema de la impunidad y de una vez aprovechar y procurar grandes acuerdos nacionales en temas que como la seguridad y justicia que le complementan y también son transcendentales para los guatemaltecos.

Entiendo, que lograr esos acuerdos puede tomar muchí­simo tiempo porque hay que conciliar demasiados intereses. Hoy por hoy, no todos quieren que cambie el sistema porque muchos se benefician del mismo y le han sacado provecho por años, pero la violencia y la impunidad han dañado a demasiadas familias y ese tema sí­ nos une a la gran mayorí­a.

Por lo tanto, es vital que todos los guatemaltecos sintamos ese sentido de urgencia y podamos empezar a reformar como primer paso, el aparato judicial del paí­s. Esta incontrolable situación de violencia e impunidad no se originó de la noche a la mañana y por lo tanto tampoco podemos pretender que se revierta de un dí­a para otro.

Dicho lo anterior, es importante que sigamos procurando, fiscalizando y vigilando el actuar de nuestras autoridades, de aquellos que tienen la obligación y la oportunidad de dar pasos que nos acerquen a la meta. Si caemos en el error de pensar que solo en este Gobierno hay impunidad, nos estamos condenando para siempre y seguirí­amos alimentando un sistema totalmente podrido.

Claro está que no solo debemos de fiscalizar a las autoridades, porque el combate contra la impunidad empieza con nosotros mismos, en nuestras casas, en nuestros lugares de trabajo y hasta en las relaciones sociales.

Elevemos los estándares y mantengamos los principios, sin la permisividad que convierte a un hecho en incorrecto apenas dependiendo de la posición de quien lo ejecuta. Es por ello que es vital rescatar los valores de la sociedad, porque ese será el primer y muy importante filtro para no seguir tolerando o permitiendo.

No podemos pretender que alguien más haga los deberes propios y por ende, hago un llamado a todos los guatemaltecos comprometidos con el paí­s para que sigamos en la lucha. El que crea que esta lucha es de meses está muy equivocado, el que considere que aprobada la ley de postulaciones se acabó el problema, está cometiendo el error de siempre. No cedamos en esta lucha, porque todos merecemos y debemos vivir en un paí­s digno, seguro, con certeza de castigo, en el que, quien la haga la pague.

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