Los malauíes votarán hoy para elegir a su presidente y renovar el parlamento, alentados por la esperanza de que su país, uno de los más pobres del planeta, logre por fin la seguridad alimentaria.
El presidente saliente, Bingu wa Mutharika, de 75 años, se retira como favorito gracias a la popularidad de un programa de subvenciones para abonos y semillas que ha contribuido a alimentar al país desde la terrible hambruna de 2005.
Su nueva formación, el Partido Progresista Demócrata (DPP), busca una improbable mayoría absoluta en el parlamento en las cuartas elecciones de la era multipartidista.
Su principal opositor en la presidencial es el ex brazo derecho del dictador Kamuzu Banda, John Tembo, de 77 años, que también promete ampliar las subvenciones y cuenta, además, con el apoyo del ex jefe de Estado Bakili Muluzi, a quien la Corte Constitucional le impide aspirar a un tercer período.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial elogian los esfuerzos iniciados por el gobierno de Mutharika para luchar contra la extrema pobreza (menos de un dólar por día) en la que vive el 40% de los malauíes, contra 54% en 1990.
Pese a tener uno de los crecimientos más elevados de ífrica en los últimos años, gracias a las exportaciones de tabaco, primer recurso del país, y a las buenas cosechas de maíz, el desarrollo de Malaui depende de la ayuda internacional.
Pero los abonos subvencionados no protegen a Malaui de sequías cíclicas. Sólo 20% de las tierras cultivadas son irrigadas y 80% del maíz, el alimento básico, crece sobre terrenos insuficientes para que haya una producción comercial.
Si gana la presidencial, Mutharika encabezará de nuevo un gobierno minoritario, afectado por los bloqueos parlamentarios de rigor.
El presidente saliente pasó casi todo su mandato batallando contra un Parlamento que se le oponía, por lo que no pudo hacer votar leyes cruciales para el desarrollo de este pequeño país de ífrica austral.