Las expresiones de protesta y apoyo al gobierno del día de ayer son legítimas. Por una parte, es loable que la población se sienta indignada y exprese ese sentimiento por circunstancias que se consideran injustas: la situación de violencia en el país, la corrupción y la impunidad. Por el otro, se entiende, es comprensible y se debe tolerar que el gobierno ante la recriminación se defienda. ¿Qué no es legítimo y se debe combatir?
Uno. No debemos permitir los sentimientos de odio. No hay que caer en el maniqueísmo y la descalificación hacia el grupo (o las personas) que no piensan como nosotros. Esta emoción no sólo no ayuda a construirnos como sociedad sino que nos afecta personalmente, impidiendo el desarrollo sano y la felicidad de los que están a nuestro alrededor. ¿Tenemos buenas intenciones hacia Guatemala? Empecemos con no odiarnos mutuamente, de lo contrario nuestro discurso es falso o como mínimo contradictorio.
Dos. No pequemos de imprudentes. No nos precipitemos en las acusaciones y esperemos que se investiguen los hechos. ¿Es inocente Colom? No me atrevería a decirlo, lo prudente, me parece, es esperar a que los órganos correspondientes investiguen y nos den más información. Lo demás es, a mi juicio, acusar sin fundamento. No se vale afirmar cosas como «es que tiene cara de ladrón», «de plano roba», «es político, por lo tanto, matón» y más. Si somos sensatos debemos también aprender a ser prudentes y a saber esperar.
Tres. No se vale que los políticos quieran llegar al poder a cualquier precio. Desestabilizar, poner al país en jaque y manipular a las personas para alcanzar los objetivos propios del partido y alcanzar sus metas es condenable. Los partidos políticos deben aprender a moderarse y actuar con sabiduría. Se vale pedir justicia, utilizar la presión y atacar las debilidades de un gobierno, pero pensando en el bienestar del país y de la población, lo demás es egoísmo y pura politiquería.
Cuatro. Ante tanta confusión e intereses de muchos (gobierno, políticos y empresarios -entre otros-), lo conveniente es aguzar los sentidos. Hay que actuar con inteligencia y no prestarse al juego ni a la manipulación. Hay que aprender a no ser «tontos útiles» ni para el gobierno ni para ninguno. Hay que estar atentos y aprender a descubrir los signos de los tiempos. Esto no quiere decir «parálisis» ni «amodorramiento», simple espera o pasividad, es digamos un tiempo activo para tomar mejores decisiones. ¿Se debe protestar y tomar medidas positivas? Por supuesto que sí, pero siempre buscando la verdad, la justicia y el bienestar del país.
Cinco. El gobierno debe aprender a ser tolerante. No se vale que malgaste el erario público para manifestaciones propias, es condenable que obligue a sus trabajadores a marchar y que manipule a quienes ha favorecido con sus programas. Los que gobiernan no sólo deben parecer honestos, sino también serlo. Si hay acusaciones deben defenderse, pero a través de medios lícitos y siendo delicados en sus pruebas. No es sabio que se defiendan con consignas (desestabilización, por ejemplo) y no con pruebas contundentes. Tanta impericia en la defensa da muestra más bien de culpabilidad.
En fin, vivimos en Guatemala momentos muy delicados. Seamos prudentes para no arrepentirnos mañana por ser tan arrebatados y torpes.