Dos concentraciones de guatemaltecos se desarrollaron el domingo, una la hizo en la Plaza Italia y la otra avanzó desde distintos puntos del país hasta llegar a la Plaza de la Constitución; la primera se levantó un poco más tarde y empezó su programa a las 10 de la mañana, la otra madrugó y las citas empezaron a las 8:00. Los que durmieron más fueron convocados por las cámaras empresariales y asociaciones del sector productivo y la motivación les llegó desde mensajes de texto, redes sociales electrónicas, páginas Web especialmente diseñadas, campos pagados, etc. La otra reunión fue convocada por la UNE y también se valió de espacios rentados en medios masivos de comunicación, medios electrónicos y movilización física de personas. En una se distinguía el color blanco y en la otra no había un solo color, eran varios. En ambas el comercio informal aprovechaba la cantidad inusual de personas.
El sábado una calma incierta inundaba el ambiente en la ciudad, en espera de un domingo de manifestaciones desde dos congregaciones que alzarían sus más afinados y afilados repudios y defensas. Ambos convocantes en preparación de la logística que debía atender a cientos, no escatimaron recursos para los eventos. La policía en preparación de la contingencia, la Procuraduría de Derechos Humanos motivando a la responsabilidad a ambos grupos, proponiendo una zona cero para evitar confrontación, la Corte de Constitucionalidad amparando al CACIF a última hora. Las que serían marchas se convirtieron en concentraciones para evitar lo peor.
Los mítines del domingo representaron gestos públicos de dos grupos que intentaron medir fuerzas y capacidad de incidencia. Unos acusan y otros defienden. Cada uno deberá capitalizar políticamente su concentración. La semana que precedió quedará registrada en la historia reciente como los días en que se acertó herida profunda al régimen institucional democrático, que tísicamente se sostiene. El antagonismo que se observa en las calles, en los medios y ahora también en el ciberespacio, da fe de agresiones en ascenso desde el sector que reclamó de blanco; un manejo bastante irresponsable de la situación por parte de la prensa escrita, -debido será un análisis profundo del papel que han jugado los medios en esta crisis política-. Del lado del Gobierno los mensajes fueron expeditos pero débiles. La información más confiable se busca en los artículos de opinión que circulan por correo electrónico.
Los convocados de blanco aluden el cumplimiento de la ley y piden la renuncia del Presidente, en la Plaza de la Constitución se llamaba al pueblo para defender a un Presidente que ha sido señalado en circunstancias muy complejas. ¿Qué concita a unos y a otros? elPeriódico registra en edición del sábado que los llamados a la Plaza Italia son los que estén en contra del Gobierno o busquen justicia ante el asesinato de Rosenberg; los de la Plaza de la Constitución quienes apoyen al Presidente. Los rumores están a la orden del día y los comunicados de diversas organizaciones tratan de fijar posición con precaución.
Sería simplista y atrevido diferenciar a los grupos del domingo entre derecha y socialdemócratas, tampoco se puede utilizar como factor el motivo de congregación, la justicia que reclaman los de blanco o negro es la misma que pedimos todos en un escenario donde la única legislación que parece funcionar es la Ley Antitabaco. Igual de simplista sería dividir los grupos entre los de tez clara y pelo claro y los de tez morena y pelo negro; o los de la zona 1 y los de la zona 10 y 14. Creo que estoy más cerca si hago relaciones entre los grupos movilizados y su adscripción a grupos de poder, tanto político como económico, incluidos hábitos de consumo.
Ahora bien, lo realmente sorprendente es comprobar el factor de la inequidad de Guatemala reflejada en la diferenciación política de los grupos que antagonizan. No es lucha de clases, porque no ha habido relaciones de producción sino explotación; es pobreza que defiende lo poco, oligarquía que teme perder lo mucho, medianía que chilla, mientras temibles poderes ocultos ríen. Temo se descubra la perversión y la conspiración para vulnerar la institucionalidad llevada a niveles inimaginables, aunque hay que ser pacientes, no creo que sea pronto.