Qué difícil es encontrar amigos de tu talla y calidad. Desde que te conocí, siempre vi en tu persona una sonrisa amable y gestos de enorme cortesía, como de sincera y desinteresada amistad. Después de tu dramática e inconsolable partida, nos dejaste anonadados con tu denuncia, sin encontrar respuestas, sin saber qué decir y sin vislumbrar una sola razón que pudiera justificar el haberte eliminado de manera tan atroz e inhumana. Hoy en día, todos o al menos los que tenemos resabios de decencia, honorabilidad y principios, estamos clamando porque se haga justicia y caiga todo el peso de la ley para castigar a los responsables de tu trágica desaparición terrenal, ¿pero será eso posible en Guatemala?, ¿desde el presidente Colom hasta el último de sus servidores dejarán, permitirán y aceptarán que se investigue imparcial y justicieramente tu vil asesinato?
Con todo el dolor de mi corazón reconozco que es muy difícil, si no imposible, que algo tan elemental se lleve a cabo en nuestra patria, puesto que la han vuelto un valle de lágrimas desvergonzados politiqueros. La desconfianza cunde entre la mayoría de chapines bien nacidos porque hace falta un terremoto de grados y niveles máximos para sacudir la conciencia de quienes tienen la responsabilidad de acabar de una vez por todas con la impunidad que nos aflige. Para quienes tenemos los pies sobre la tierra nos parece imposible, sí como se oye, imposible, que toda esa pléyade de politiqueros enquistados en los tres organismos del Estado vayan a permitir una limpia y transparente investigación y se castigue a quien resulte culpable intelectual y físicamente de tu anticipada partida hacia los reinos del Señor.
Ese es el motivo que me impulsó escribirte esta misiva póstuma, con el respeto y mis condolencias para tus familiares y tantos amigos que lograste hacer durante tu corta estancia entre nosotros. Algunos han acudido a entidades internacionales de diversa especie para que hagan lo que a nosotros corresponde hacer. Claro, entiendo perfectamente que interpongan cuanto recurso esté disponible, pero eso no significa que el estado de derecho se pueda retomar de la noche a la mañana, cuando muchísima gente, especialmente los que tienen el poder, no tienen la más mínima intención de modificar el estatus que tú, estimado Rodrigo, hubieras querido para Guatemala, cosa que dejaste plasmada valientemente en el video y en el documento filmado y firmado para la posteridad. Por el aprecio y la amistad que me brindaste en vida tengo que hablar con la verdad, no quiero seguir fomentando el autoengaño mucho menos, darle esperanzas a una sociedad inmersa en el fango de la iniquidad. Descansa en paz, estimado Rodrigo.