A partir del día 11 de mayo, como resultado de la muerte y declaración vídeo grabada y documentada del distinguido profesional Rodrigo Rosenberg Marzano, Guatemala se ha visto convulsionada y expuesta ante la opinión pública mundial.
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No es frecuente que una persona dé un testimonio previo de que va a ser asesinado y menos frecuente aún que su testimonio sindique a las máximas autoridades del país. El shock, el impacto que el testimonio del abogado Rosenberg Marzano ha producido es enorme y más lo ha complicado la reacción que conocidos personajes han creado al haber sido uno de ellos, Mario David García quien públicamente informara que fue él quien grabó el testimonio audiovisual. A ello se le agrega que el testimonio fuera repartido en los funerales del licenciado Rodrigo Rosenberg Marzano por una figura también conocida como lo es el señor Luís Mendizábal.
Son muchas las especulaciones que al respecto se han producido y en este laberinto, en este río revuelto, la actitud del hermano del profesional asesinado, Eduardo Rodas Marzano es digna de reconocimiento y de respeto, especialmente al exponer su conocimiento y testimonio de la integridad y forma de ser de su hermano, al mantener una posición equidistante, requiriendo que la justicia debe funcionar, que los jueces serán los responsables de esclarecer el caso y de manifestar que confía en las autoridades para que se esclarezca la situación sin afectar la integridad de su hermano.
El Gobierno de la República no ha sido muy adecuado en sus expresiones y en sus actitudes. El presidente ílvaro Colom debería de hacer acopio de tranquilidad y hacer uso de la experiencia que indudablemente le habrá quedado de los denominados viernes de luto, donde él mismo fue parte y parte utilizada por conocidas personas para actuar en contra del gobierno de esa época. No creo que se le haya olvidado la participación de personas y sectores que hoy nuevamente utilizan los tristes y censurables acontecimientos para capitalizarlos y actuar en contra de la estabilidad del Estado.
Dentro de todas estas lamentables y trágicas circunstancias que implican la muerte de Khalil Musa y de su hija Marjorie Musa y por supuesto del Lic. Rosenberg Marzano, no debe de perderse la objetividad, la ecuanimidad, la verdad y la búsqueda de la justicia.
La vida de estos seres humanos no se restituirá, pero tampoco debemos permitir que se nos azuce, que se nos convierta en una marabunta, en un populacho capaz de linchar o de destruir lo que en el fondo las personas de bien buscan aún a costa de su propia vida.
La pérdida de la vida de estos tres dignos guatemaltecos debe ser lamentada, pero no debe permitirse que nadie, más que sus propios deudos, se apropien de su memoria. No debemos olvidar que ante la confusión y shock que han producido estos acontecimientos puede haber personas como las ha habido en el pasado, que pretenden lograr sus objetivos y satisfacer sus ambiciones.
El Ejecutivo, como se le ha requerido, debe permanecer alejado en todo sentido, en la forma y en el fondo de la investigación de estos crímenes. Las autoridades competentes, a quienes les corresponde investigar y las autoridades judiciales a las que les corresponde dictaminar y sentenciar, deben tomar este gran reto como la gran posibilidad de impartir justicia y hacer que prevalezca la verdad.
La verdad, la justicia no debe ser influenciada, mucho menos empañada. Vale la pena recordar la experiencia y los conceptos de la obra de Víctor Manuel Pellecer: «íštiles después de muertos».