Los hechos y actos de la semana recién pasada, nos trajeron a la memoria, los aspectos relevantes del pasado político, económico financiero, social y hasta religioso, que dejaron huella en el desarrollo de la vida del país. Para ello, la Historia de Guatemala se encargó de proporcionarnos la versión de lo sucedido y su «coincidente» similitud con los sucesos que ahora estamos viviendo.
No es de extrañar que las conductas de los políticos de hoy sean iguales a las de los políticos del ayer; ofrecimientos de paz, bonanza, seguridad, salud, educación y sobre todo el respeto a los derechos humanos; todo pareciera que se desvanece una vez que se les declara triunfadores de las elecciones.
La oposición política, sigue rumiando su derrota; los nuevos ejecutores se relamen de las mieles del poder; y el pueblo en general está en la interminable espera a que lleguen las respuestas a sus requerimientos de campaña por medio de «donaciones» contabilizadas y/o condicionadas cual si fuesen limosnas.
Cuando algún hecho o acto conmociona las estructuras del ejercicio del poder, o cuando se siente amenazado el partido político gobernante, recurren al inveterado procedimiento de «acarrear» en camiones, pick ups y ahora en autobuses, a la población campesina, ignorante en su mayoría de los conflictos políticos, para que de forma «espontánea» y «costeando ellos mismos sus gastos» se presenten a dar su «apoyo» a las autoridades de turno; desde tiempos del presidente Lázaro Chacón, pasando por Ubico, Castillo Armas, Lucas, Berger, Portillo hasta el día de hoy.
Ambos grupos, el que está en el ejercicio del poder, y el que hace «oposición» utilizan las mismas formas para «demostrar» que con la presencia de una parte de la población, gozan del apoyo y por ende, de la razón que los impulsa a tomar esta clase de acciones. Sabemos de la presencia de los «macheteros» orientales a caballo, durante el tiempo de Ubico y de Idígoras; el acarreo de campesinos agricultores del occidente en los gobiernos de Lucas y Cerezo; recordamos la presencia de campesinos y sus armas de fuego durante el jueves negro en el gobierno del FRG.
En todos los gobiernos, el común denominador de «apoyo» a los gobernantes ha sido la coacción, la amenaza de quitar el trabajo a quien no «apoye» ; el uso de vehículos oficiales para transportar a la población que «apoya»; el uso del dinero del pueblo para costear los gastos de transporte y alimentación; combustibles, pago directo por su presencia y la logística utilizada.
Y como siempre ha sucedido, ayer y hoy, los funcionarios de turno, alegan total desconocimiento de las coacciones y amenazas en contra de los trabajadores, lo cual, a la vista del pueblo los convierte en cínicos y mentirosos.