De hecho, casi nada ha cambiado en Guatemala I de II


Los hechos y actos de la semana recién pasada, nos trajeron a la memoria, los aspectos relevantes del pasado polí­tico, económico financiero, social y hasta religioso, que dejaron huella en el desarrollo de la vida del paí­s. Para ello, la Historia de Guatemala se encargó de proporcionarnos la versión de lo sucedido y su «coincidente» similitud con los sucesos que ahora estamos viviendo.

Fernando Mollinedo

No es de extrañar que las conductas de los polí­ticos de hoy sean iguales a las de los polí­ticos del ayer; ofrecimientos de paz, bonanza, seguridad, salud, educación y sobre todo el respeto a los derechos humanos; todo pareciera que se desvanece una vez que se les declara triunfadores de las elecciones.

La oposición polí­tica, sigue rumiando su derrota; los nuevos ejecutores se relamen de las mieles del poder; y el pueblo en general está en la interminable espera a que lleguen las respuestas a sus requerimientos de campaña por medio de «donaciones» contabilizadas y/o condicionadas cual si fuesen limosnas.

Cuando algún hecho o acto conmociona las estructuras del ejercicio del poder, o cuando se siente amenazado el partido polí­tico gobernante, recurren al inveterado procedimiento de «acarrear» en camiones, pick ups y ahora en autobuses, a la población campesina, ignorante en su mayorí­a de los conflictos polí­ticos, para que de forma «espontánea» y «costeando ellos mismos sus gastos» se presenten a dar su «apoyo» a las autoridades de turno; desde tiempos del presidente Lázaro Chacón, pasando por Ubico, Castillo Armas, Lucas, Berger, Portillo hasta el dí­a de hoy.

Ambos grupos, el que está en el ejercicio del poder, y el que hace «oposición» utilizan las mismas formas para «demostrar» que con la presencia de una parte de la población, gozan del apoyo y por ende, de la razón que los impulsa a tomar esta clase de acciones. Sabemos de la presencia de los «macheteros» orientales a caballo, durante el tiempo de Ubico y de Idí­goras; el acarreo de campesinos agricultores del occidente en los gobiernos de Lucas y Cerezo; recordamos la presencia de campesinos y sus armas de fuego durante el jueves negro en el gobierno del FRG.

En todos los gobiernos, el común denominador de «apoyo» a los gobernantes ha sido la coacción, la amenaza de quitar el trabajo a quien no «apoye» ; el uso de vehí­culos oficiales para transportar a la población que «apoya»; el uso del dinero del pueblo para costear los gastos de transporte y alimentación; combustibles, pago directo por su presencia y la logí­stica utilizada.

Y como siempre ha sucedido, ayer y hoy, los funcionarios de turno, alegan total desconocimiento de las coacciones y amenazas en contra de los trabajadores, lo cual, a la vista del pueblo los convierte en cí­nicos y mentirosos.