Las protestas del mundo al revés


«Qué fácil es suspirar ante el gesto del hombre que cumple un deber

Y regalarle ropitas a la pobrecita hija del chofer

Qué fácil de enmascarar sale la oportunidad.

Qué fácil es engañar al que no sabe leer

Cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués».

-Canción en harapos-

Silvio Rodrí­guez

Las luchas sociales dentro de la historia del ser humano, se dan desde el origen de la propiedad privada y las relaciones de dominación que surgen a partir de la misma. De esa cuenta, las luchas sociales y sus formas de protesta son sometidas a descalificaciones que van desde ser «agitador», hasta ser un «delincuente» que atenta contra los principios de la propiedad privada, la libre empresa y la institucionalidad estatal que los sostiene.

Violeta Cetino
usacconsultapopular@gmail.com

Ya en los tiempos de las independencias, la lucha impulsada desde los sectores populares es subvalorada e invisibilizada. El acta de independencia lo reafirma, al considerar que los próceres lo hacen de esa manera, para que el pueblo no lo haga por cuenta propia y así­ evitar las consecuencias desventajosas que les acarrearí­a.

Para nadie es un secreto, que las personas que ante el asesinato del abogado Rosenberg realizan jornadas de protestas, pertenecen a la «alta sociedad», y son casi los dueños del paí­s. Son los mismos que se han apropiado de la tierra y el territorio y han generado la institucionalidad indispensable para la permanencia, desarrollo y reproducción de esa realidad, así­ como las dinámicas que impulsan su ritmo de vida.

Entonces, ¿desde cuándo estas personas habitualmente mudas ante los problemas sociales del paí­s, participan en manifestaciones callejeras?

En TV, representantes de las cámaras de empresarios, hacen un llamado a no caer en «provocaciones» que creen divisiones entre ricos y pobres. Les recuerdo que las condiciones sociales, económicas y culturales que mantienen sus raí­ces desde la conquista y la colonia, crearon las divisiones de clase, es decir, ya estamos divididos.

A diferencia de las auténticas manifestaciones populares, a ritmo de Guaraguao, con las «casas de cartón», con mantas hechas a mano y con la alegrí­a y personalidad «jacarandosa» que caracteriza a las mayorí­as desposeí­das; los de arriba, los más de nunca que los de siempre, montan su escenario con pantalla gigante, sonido de alto alcance, usan gafas oscuras y vestimenta de alto glamour. Sus consignas, «exigimos justicia», «ya no más violencia», etc.

Sin embargo, las guatemaltecas y los guatemaltecos, especialmente los explotados, marginados, excluidos, discriminados, violentados en sus derechos (educación, salud, vivienda, trabajo, libre sindicalización, etc.) también nos oponemos a la violencia y a la impunidad, a los privilegios de la clase burgués y a la injusticia social que mantiene a muchos, sumidos en la pobreza y la pobreza extrema. Lo ven, nuestros intereses son distintos.

En estos momentos de crisis, se observan intentos por destruir al Estado de derecho y la institucionalidad democrática, para implantar formas de gobierno que cierren, más aún, las posibilidades al desarrollo de la democracia real.

Nos queda mantener la calma, con ojo crí­tico sobre la gravedad de los hechos. Insto a no dejarnos manipular por las trampas y engaños de los grupos de poder y de sus partidos polí­ticos de derecha.

«Viva el harapo señor, y la mesa sin mantel. Viva el que huela a callejuela, a palabrota y taller…»