Ahora que el actual Gobierno ensaya algunos tímidos y timoratos planes de beneficio social, la oligarquía criolla se siente amenazada y principia a rasgarse las vestiduras para justificar el mantenimiento del statu quo.
Los últimos acontecimientos suscitados en el país, específicamente durante esta semana que termina, han venido a demostrar una vez más que la sociedad guatemalteca no aprendió la lección social que dejó el largo tiempo de guerra interna y que se mantiene la actitud y conducta intolerante hacia las diferentes «clases sociales» que existen en el país.
Desde la conducta discriminatoria hacia el sector indígena por parte de los ladinos, mestizos, europeos y toda clase de extranjeros radicados en Guatemala, hasta la discriminación interna entre indígenas, entre el bloque de ladinos, de mestizos, garífunas, campesinos, empresarios y agricultores; lo cual indica que seguimos en la misma actitud de hace 485 años atrás.
La mayoría del pueblo guatemalteco perteneció y pertenece al sector económico más desposeído y explotado por las camarillas de comerciantes y políticos, que en forma inveterada se ha aprovechado de la ignorancia de dicho grupo para enriquecerse de manera ilícita e injusta.
La Historia de Guatemala nos deja ver que ahora, hoy, en este presente que vivimos, es necesario principiar a concientizarnos respecto del valor de todas las personas como seres humanos, es decir, que blancos, negros, amarillos, indígenas, mestizos, zambos, ladinos y campesinos tienen un valor social igual.
En los tres últimos días hemos visto cómo se ha puesto en juego, otra vez, la discriminación de los estratos económicos en pugna por obtener resultados políticos acordes a sus intereses; las escenas de enfrentamiento entre el grupo que pide la renuncia del Presidente de la República y el grupo que lo «defiende» dejan ver con claridad meridiana, que el odio, rencor, antipatía, encono, aversión, resentimiento y animosidad entre dichos grupos, deriva de forma irremediable a un enfrentamiento social.
La irresponsabilidad de los líderes de ambos grupos, al incitar a sus huestes a un enfrentamiento directo, teniendo como fundamento de su actitud, la defensa de sus propios valores y objetivos, dejan entrever a todas luces la manipulación inescrupulosa hacia las masas, no importando el estrato económico al que pertenecen.
La lucha de clases persiste en Guatemala; el sector poderoso del dinero no cambia de actitud hacia la clase trabajadora, es decir, mantiene la explotación del hombre por el hombre; se beneficia de la mano de obra barata y no comparte ganancias con quienes hacen posible su acceso a la riqueza.