El clamor tiene que ser por la justicia


La única forma de evitar que el paí­s caiga en una violencia terrible por la ceguera del Gobierno al provocar el enfrentamiento con tintes de lucha de clases, es que los ciudadanos moderemos nuestras actuaciones para centrar el reclamo a la necesaria y urgente aplicación de la justicia. Por eso molesta tanto y ofende sobremanera que el sistema sea tan eficiente para perseguir a un joven que expresó su opinión en Internet, pero tan inútil e incapaz para dar con los asesinos de Rodrigo Rosenberg y de los miles de guatemaltecos inmolados en esta ola provocada por la existencia de un Estado fallido.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Quienes creen que la solución es que Colom renuncie o se aparte del cargo están equivocados porque los problemas de corrupción, inseguridad y latrocinio del paí­s no se resuelven cambiando a un grupo por otro. ¿Acaso hay entre los que están soñando con asumir el poder algunos con la solvencia y las credenciales necesarias como para asegurar que no se está simplemente sustituyendo a un grupo avorazado por otro?

Los que creen que apuntalar a Colom por sus programas de cohesión social es fundamental, están perdiendo la perspectiva porque el problema social de Guatemala se magnifica por la existencia de redes del crimen organizado que se adueñaron de todas las instituciones y controlan al paí­s.

Lo que necesitamos como punto de partida para construir una sociedad diferente es la creación del Estado de Derecho que efectivamente permita no solo la eficiente, correcta, cumplida y pronta administración de justicia, sino el concepto básico de la igualdad de todos ante la ley. Un sistema que impida que los fondos públicos sean objeto de la piñata de los gobiernos de turno porque en honor a la verdad, la corrupción la venimos arrastrando como parte de un sistema diseñado para que quien llegue se harte de pisto.

No es cambiar presidente lo que nos va a resolver ese problema. Hemos cambiado siete veces al Presidente de la República desde que empezó el llamado «modelo democrático» y la sensación colectiva es que cambió el presidente pero no la forma en que se usó el erario para beneficio de los de turno. Hemos tenido presidentes que se las llevan de postí­n y presidentes que presumen de identidad con el pueblo, pero al final de cuentas lo que cambia es la forma en que hacen las cosas, siendo en el fondo lo mismo lo que unos y otros se llevan.

Por estar exigiendo la renuncia del Presidente se pierde la perspectiva y la oportunidad que ofrece un pueblo que está dejando atrás su sangre de horchata para exigir y protestar. Pero hay que hacerlo para lograr los cambios que el paí­s demanda y no simplemente para poner en vez de Colom a alguno de los que hoy se promueven para sustituirlo, entre los que ya empezó a mostrarse hasta su mismo Vicepresidente. Llegue quien llegue, si no cambiamos el sistema y la forma de gobernar, terminará jugando el juego que todos juegan y que es el de hacerse ricos en medio de un pueblo miserable.