Sumergida en la violencia, sociedad pierde sensibilidad


La Policí­a Nacional Civil resguarda el área donde fue asesinada una persona hace algunos dí­as.

Diariamente dieciséis personas pierden la vida en el paí­s, factor que representa una amenaza para la sociedad y para las generaciones venideras, pues existe «una falta de respeto y valor a la vida».

Mariela Castañon
lahora@lahora.com.gt

Pese a que el derecho debe ser garantizado y está plasmado en el artí­culo 3 de la Constitución Polí­tica de la República, en Guatemala esta facultad es violentada constantemente, las ví­ctimas mortales van desde niños hasta ancianos.

El pasado fin de semana fue encontrado, en un predio de buses ubicado en la zona 5, un bebé recién nacido, quien murió horas después. El hallazgo estremeció a los vecinos cuando notaron que un perro callejero llevaba el diminuto cadáver.

Los pilotos del transporte se han convertido en ví­ctimas mortales de sicarios, quienes por Q300 asesinan a estas personas, sin importar las consecuencias del daño que pueden causar.

Sin embargo, los reportes de la Policí­a Nacional Civil (PNC) dan cuenta que cuando se trata de un asesinato de encargo, el victimario puede recibir tan sólo Q50 por arrebatarle la vida a otra persona.

La semana pasada se dio el hallazgo del cadáver de una jovencita descuartizada en el kilómetro 5 de la ruta al Atlántico, dí­as después se capturó a dos jovencitos sindicados del asesinato.

En este paí­s diariamente son atacados trabajadores, amas de casa, estudiantes, niños, niñas, mujeres, hombres y ancianos, no importa a qué se dediquen o que edad tengan, la lista de fallecidos se incrementa constantemente.

De acuerdo con Mario Polanco, del Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), dos factores influyen en el irrespeto a la vida; por un lado, la pérdida de valores en los hogares guatemaltecos; por otro, la impunidad en los entes de justicia y la PNC, quienes deben castigar a los culpables de los imparables asesinatos, sin embargo, éstos no siempre actúan de manera adecuada.

A decir del profesional, debido a la necesidad de los padres de familia por salir a trabajar, descuidan a sus hijos, permiten -sin intención de hacerlo- que ellos se involucren en hechos delictivos.

Según la Liga de Higiene Mental, la sociedad guatemalteca no está destinada a ser violenta, esa estigmatización puede cambiar por medio de polí­ticas que permitan la adecuada educación de los jóvenes y niños.

Pese a que algunos de ellos viven en sectores marginales, es importante hacerles ver que el ambiente donde desafortunadamente se desenvuelven, puede dar un giro, a través del aporte que ellos puedan proporcionar.

La Defensorí­a de la Niñez, de la Procuradurí­a de los Derechos Humanos (PDH) reitera la importancia de cuidar y proteger a la infancia, ya que por medio de sus formadores se lograrán cambios relevantes en la sociedad, pero para ello debe prevalecer el cariño, la atención y el amor en los hogares, sólo de esta forma se pueden lograr verdaderos cambios.

Desafortunadamente en Guatemala, este sector de la población está abandonado y permite que fácilmente caiga en las redes del sicariato, las pandillas y el narcotráfico, quienes utilizan a estos pequeños y los deshumanizan, dejan de ver a las personas como tales y arremeten contra su vida sin ningún remordimiento.