La mediocridad una manifestación de los conflictos sociales actuales


No existe una definición de la palabra mediocridad, sin embargo, sí­ de mediocre, que es utilizada como adjetivo que se refiere a algo de poca calidad, inteligencia o talento.  Dentro de sus sinónimos encontramos las palabras: vulgar, mediana, anodina, pasable, regular, adocenada, insignificante y gris.  El motivo de escribir sobre este tema es  exponer como los antivalores humanos se hacen más frecuentes y son de carácter usual, convirtiéndose en una manera de convivencia social.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

La sociedad se  encuentra perdiendo su estructura, lo  que facilita el deterioro de ví­nculos  y valores como seres humanos.  Está  perdiendo su coherencia, está siendo  incapaz de solucionar conflictos y  con ello conduce al aumento de sus  contradicciones internas y externas.

Dentro de algunas razones expuestas por algunos autores  de esta decadencia de la sociedad estriba  la pérdida de valores que rigen las bases de nuestra sociedad y también del beneficio de trabajar en objetivos  e intereses comunes, tal vez, inexistentes.

La mediocridad impulsada en nuestros tiempos contribuye a dejar por un lado nuestros ideales, a dejar de ser visionarios en la vida, de construir de la mejor manera que sabemos hacerlo, de pensar, soñar, realizar, trabajar y sobre todo sentir de la forma más profunda y sublime posible.

No es necesario ser astronauta, ocupar un lugar o cargo público en la polí­tica, en las empresas, para dejar de ser mediocre.  Lo sustancial del asunto es que ocupemos el lugar que ocupemos dentro de nuestra sociedad, siendo capaces de alumbrar con pequeños y grandes fueguitos a la vida; con el mejor empeño de dar a conocer quiénes somos, y realizar el mejor trabajo con nuestro mayor esfuerzo posible de que las cosas salgan bien.

Si en la vida nos tocó barrer, pues a darle con ganas, a sentirnos privilegiados por lo que hacemos y  a hacerlo  de todo corazón para contribuir al bienestar social; para que en las calles, casas y ciudades de nuestro paí­s las personas se sientan apreciadas con el  amor que ponemos en cada cosa que hacemos. 

Salir de la mediocridad significa tratar de trascender en la vida y para ello es necesario pensar en los demás, en los ciudadanos de una nación, en la gente que no goza privilegios, en cada una y un integrante de la comunidad.

Mediocre es quien atesora, explota, manipula, cosifica al ser humano  con el fin de encontrar sus propios beneficios sobre todo materiales.  También es la persona capaz de ponerle el pie a una o más personas en función de sus propias necesidades reales o ilusorias.

Para salir de la mediocridad hemos de trabajar en nuestros valores como seres humanos, hemos de trascender en nuestra espiritualidad, hemos de ser honestos y honorables con nosotras y nosotros mismos, pero  también con el o la prójimo.  Y esto requiere de valor y esfuerzo personal, así­ como del mismo pueblo.

No  es  más que una cuestión de dignidad, respeto y  perseverancia en  esforzarnos por hacer el bien, un reencuentro con nuestros ví­nculos y  la fraternización dentro de  nuestra sociedad.

Ante una reflexión seria siempre cabe la necesidad de llevar a la práctica nuestras conclusiones de tal manera que un sueño pueda convertirse en realidad.