Una denuncia que estremece


Esta semana se inició no sólo con una denuncia que debe estremecer a la conciencia nacional, sino que toca, de una u otra manera, el corazón, el espí­ritu y la inteligencia de quienes a lo largo de nuestra vida hemos soportado gobiernos cargados de sangre, corrupción, robo de caudales públicos e impunidad. Todos son hechos sabidos y siempre acallados por la complicidad de los que nos hundimos en la indiferencia, de los fiscales y jueces que ocultan vergonzosamente estas situaciones.

Héctor Luna Troccoli

Tuvo que ser un hombre que desde su tumba nos habló con franqueza y que murió por legar con esa muerte un mensaje a los guatemaltecos para que ya no permitamos más este quehacer de maldad de los que nos gobiernan y poder construir una Guatemala diferente.  Todos saben que me refiero al licenciado Rodrigo Rosenberg, quien al saber que las amenazas de muerte en su contra podrí­an ser concretadas no huyó, ni se escondió, al contrario, tomó, el domingo 10 de mayo -Dí­a de la Madre- su bicicleta,  para hacer ejercicio en la amplia y verde Avenida de las Américas, consciente de que en cualquier instante y en cualquier lugar los esbirros y sicarios lo esperaban para asesinarlo. Antes habí­a grabado el video que ha circulado por todo el mundo y dejó varias notas en las que señala, con nombre y apellido a quien considera sus victimarios.

Por lo general, a manera de consuelo, cuando una persona honesta y valiosa para la sociedad fallece, uno o varios decimos a manera de consuelo que esa persona no ha muerto, sino que vive y está presente.

En el caso del licenciado Rosenberg, éstas no son simples palabras consoladoras, sino una realidad vigente al hablarnos claramente desde el lugar que se encuentre en el más allá.

Las evidencias que preparó cuatro dí­as antes de su crimen deben ser motivo de la más absoluta y profunda investigación IMPARCIAL, en donde el fiscal y el juez que lleva la causa tengan, en estos momentos la decencia y la dignidad mí­nima para actuar con absoluta honestidad, no sólo para aclarar una muerte cruel, vinculada a otros dos asesinatos (los del señor Khalil Musa y su hija Marjorie), sino para darle al paí­s, alguna muestra mí­nima de que aún en algo se puede confiar. En lo personal no creo en un sistema de justicia que se debilita cada vez más, al extremo de que solamente podemos tener fe, en organismos internacionales, paí­ses amigos y la CICIG, que deben comprometerse con la nación a que estos crí­menes no quedarán impunes.

De lo que el licenciado Rosenberg dijo después de su asesinato, hay cosas que ya se conocí­an, como las danzas multimillonarias plagadas de corrupción en muchas instituciones como la Cohesión Social de la esposa de Colom, o el principal producto de exportación de antivalores especialmente la ética, del llamado Fondo de Conservación Vial -COVIAL-, que es una mina de oro para quien lo dirige.

Algo de toda esta maraña de corrupción se ha denunciado públicamente por periodistas en distintos medios de comunicación, pero jamás tendrán el peso moral y material de la denuncia que con valentí­a realizó el licenciado Rosenberg, quien señala como las personas que lo asesinaron a Colom y su esposa, al señor Gustavo Alejos, secretario privado de la Presidencia, al «financista» de Colom Gregorio Valdez, al Presidente y Gerente de Banrural y otros más. La credibilidad del denunciante, el licenciado Rosenberg no puede ser puesta en duda por varias razones: la primera, una trayectoria intachable como profesional, la segunda, un hombre económicamente solvente que no iba a sacrificar su vida por cualquier suma de dinero, la tercera, el no haber sido un partí­cipe directo en la politiquerí­a que nos atormenta y la cuarta, tampoco haber desempeñado cargos públicos en los que se pudiera haber enriquecido. Sin conocerlo, algunos de sus amigos cercanos me han referido numerosas cualidades más que prefiero no enumerar para que no se crea que trato de sesgar los hechos.

En cuanto a los señalados por el crimen, ya sus nombres han circulado profusamente en los últimos años y no en los mejores términos. Creo que uno de los aspectos básicos para que con la famosa transparencia que se pregona, pueda hacerse una investigación adecuada, es que Colom y sus allegados se separen temporalmente del poder hasta que se conozca la verdad y que algún juez con pantalones, si encuentra suficientes indicios, pueda JUZGAR con la ley en la mano a los autores intelectuales y materiales.

La denuncia del licenciado Rosenberg ha exacerbado los ánimos de todos los guatemaltecos que lamentablemente tenemos el estigma del olvido, pero que también, muy de vez en cuando por cierto, tenemos el don de retomar los caminos perdidos y encauzarnos por el de la madurez y la valentí­a para terminar con los enemigos de Guatemala.

El licenciado Rosenberg en sus palabras exigí­a justicia y no venganza y que se actuara con la ley en la mano, algo que lo enaltece aún más, pero con su permiso yo, como abogado, digo que si aquí­ no se cumple la ley, ni se aplica la justicia, será el pueblo el que deba tomar por su propia cuenta la tarea de hacer que los malvados enquistados en todo el Estado, paguen sus insensatas acciones por destruir a su propia patria. Ya hace muchos años que venimos padeciendo lo mismo y la paciencia, ¡aleluya!, por fin se está agotando. ¿Tendremos el valor de actuar o nuevamente buscaremos el olvido?