En mi columna del día 21 de abril, recordaba un antiguo juego mexicano y su pegajosa cancioncita, para llamar la atención sobre un problema que se está, como la burbuja especulativa, inflando tanto que podría reventar. No hará mucho, y en el imaginario popular debe de haber quedado impreso, la ciudad casi se paralizaba con una sensación de miedo y de incertidumbre. Los días que la población de la tercera edad recuerda como antecedentes de crisis política y de «golpe de Estado», se respiraban en una ciudad que moderna y mucho mayor, veía con sorpresa como si hubiese sido cuidadosamente planificado, pilotos de autobuses urbanos eran asesinados en puntos diferentes de la ciudad.
La sensación de estar atrapados por un poder que cada vez es mayor y que pareciera controlar el sistema circulatorio del país, era evidente. Miedo ante la impunidad que campea alrededor del crimen organizado y del narcotráfico. Miedo ante la incapacidad de las fuerzas de seguridad, que también como casi todo en el país, están podridas. Miedo ante la bestialidad que acompaña a los actos vandálicos de las maras, brazo armado del narcotráfico. Miedo ante la indefensión de una población que ve como la situación del país se deteriora entre la delincuencia y la corrupción.
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Ayer, el fenómeno se repitió y como reguero de pólvora, corrió por las venas de esta ciudad que no deja de sorprenderse ante cada hecho, que demuestra la imperiosa necesidad de un cambio, la noticia del legado testimonial dejado por el licenciado Rodrigo Rosemberg, quien fuera asesinado solamente unas horas antes. Este, convertido en un CD y video se transformaba rápidamente, con una también muy rápida y organizada denuncia, en la que resonaba con un mensaje de ultratumba, la segura y contundente denuncia del licenciado Rosemberg, quien con pelos y señales comprometía a personalidades del mundo político y económico guatemalteco, empezando, nada más ni nada menos, con la pareja o dispareja, pareja presidencial.
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Una extraña sensación, previa a un estado de crisis se podía respirar en el entorno de la población citadina, conmovida por los señalamientos, directos y que sin ambages, dejaba escuchar el mensaje, que rápidamente se convirtió en un reguero de pólvora que amenazaba con explotar. Y nuevamente, recordé el juego que acostumbramos a jugar de niños. «Pan caliente, frío, helado», que utilizaba estos símiles para señalar lo cerca, o lejos que el protagonista del juego se encontraba del objeto escondido.
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¿Qué tan caliente, frío o helado se encuentra el anillo de fuego que circula alrededor de la administración de ílvaro Colom? ¿Quiénes son los que detrás de las realidades de un pueblo que espera de su gobierno respuestas positivas, utilizan y manipulan ese sentimiento de cada vez más desesperante de desprotección y desesperanza? ¿No es el mensaje que ha sido repetido hasta la saciedad por elPeriódico, un mensaje que prácticamente incita a la rebelión? ¿No nuevamente algunos medios (en los que se mueven intereses muy especiales) se ven comprometidos con la manipulación de la noticia y la creación de opinión pública que pida la renuncia del presidente?
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El caso del asesinato del licenciado Rosemberg, está rodeado de un ambiente que trasciende el hecho en sí. Como una novela en la que se conjugan la acción, el misterio, la intriga y el romance. Ideal para quienes tienen la intención de «romper la piñata», no para poder distribuir los dulces que ella lleva en sus entrañas, sino para apropiarse de ellos.
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Al final de cuentas, la situación que prevalece en el país, se mantiene como una nave a la que le hace falta un timonel que con seguridad y fortaleza, pueda conducirla a puerto seguro. Que transmita confianza. Que transmita certeza. En el que la población pueda confiar de que, las esperanzas acumuladas por siglos, puedan encontrar un canal sobre el cual la paz, la seguridad, la justicia y el desarrollo sean posibles.