La política tiene uno de sus escenarios más vívidos en el Congreso de la República. A las puertas del receso legislativo, allí se desarrollan dinámicas de intercambio y negociación de poder que han ido convirtiendo cada vez más al Congreso, en el centro de gravedad de la gobernabilidad del país. Sobre esta realidad es pertinente valorar en perspectiva estratégica, el horizonte político de esta institución que alberga a 158 representantes, quienes tienen la responsabilidad de darle balance y estabilidad al cuerpo completo. Su desafío es constituir y desarrollar un Parlamento cada vez más moderno, eficiente y democrático, algo que en estos días parece complejo y difícil.
De los tres poderes, además del Ejecutivo y el Judicial, el acontecer en el Legislativo es el que acapara mayores espacios de la cobertura mediática. La concentración de pasiones y razones que se dan en el hemiciclo, son reportadas por los medios segundo a segundo y no parpadea un diputado sin que los medios lo reporten. Ellos inevitablemente son el objeto del escrutinio público y el público por su lado va moldeando cada día su noción de la política legislativa, a través de los periódicos, televisión y radio. He aquí el primer reto, la necesidad de una política de comunicación institucional que haga contrapeso al gran poder privado de los medios masivos.
El segundo reto tiene que ver con la metodología política de negociación que establecen las bancadas o grupos políticos. El ejercicio y la práctica de las alianzas políticas aún es motivo de prejuicio, eso y a pesar de la poca consistencia ideológica de las organizaciones partidarias. Bajo un esquema de política abierta de negociación, la alianza aún no se asume como una herramienta válida porque la agenda de negociación es débil y difusa. Se establece antes la alianza y luego los temas, lo que hace de la primera una práctica con una efectividad reducida. ¿Hasta dónde le fue de utilidad a la UNE la alianza con Gana en la negociación de reforma fiscal? En términos de números dicha alianza no fue mal pensada, pues juntos obtienen una cantidad de votos nada despreciable, sin embargo, agenciar el mayor rédito político de esos votos, supone establecer una agenda estratégica concensuada. Otra pregunta atinente, cual será el análisis de la Gana luego del reciente comentario de impertinencia sin precedente del diputado Nery Samayoa? Por cierto, dicha impertinencia le costará caro a la UNE y barato al Patriota.
Un tercer reto y derivado del anterior los constituye la constante tendencia al transfuguismo. Esto tiene una causa más profunda que supera al Congreso y remite a la debilidad institucional del sistema de partidos políticos y aun problema de diseño electoral; y a su vez a uno más subterráneo que atañe a los problemas irresueltos de una sociedad con una cultura política pobre. No se puede construir proyectos políticos con la alta volatilidad partidaria dentro del parlamento. Bajo el esquema actual el diputado se debe más a su distrito que a su organización política.
El siguiente tema relevante de rezago, es la agenda estratégica que periodo a periodo queda relegada por la urgencia del día a día o por la presión de grupos terceros. En la coyuntura de este Congreso, el desgaste y debilidad institucional hará casi imposible echar a andar un profundo y comprometido proceso de reforma interna. Tal cometido necesitaría la voluntad política de por lo menos un grupo de diputados que lideraran tal cambio. Distinga usted entre urgente e importante: reforma fiscal, ley de comisiones de postulación, ley de armas, Ley de Consulta a los Pueblos indígenas, ley electoral y de partidos políticos…
Para terminar, pero por el espacio y no porque se acabe el tema que da para tomos y tomos, guardo para el final la cuestión de los operadores políticos. Si bien es cierto que de 158 no todos pueden liderar el proceso legislativo, el grupo de los operadores que no necesariamente son los jefes de bloque se le ve cada vez más reducido y no va más allá de Baldizón, Montenegro, quizás Martínez Loaiza, Taracena y paro de contar. Liderar propuestas en la corriente legislativa presupone habilidad y riesgo. Ser operador político está relacionado con la estabilidad partidaria y de las bancadas. En el lado del Gobierno, uno se pregunta quién es el operador? ¿El Jefe de
Bloque? El Presidente del Congreso? O el mismo presidente Colom? De lo que se trata es que la práctica política de los diputados sea cada vez más coherente con el poder formal de la normativa interna del Congreso. El problema no es de tamaño sino de eficacia.