«Madre, te bendigo porque supiste hacer de tu hijo un hombre real y enteramente humano. í‰l triunfará en la vida. Se marcha y es el caso de hablar de su regreso». «Cuando veas volver, en un día de fiesta, un viador que en la mano luzca joyas y haga notorios paso y ademán -¿insolencia, dinero o buena suerte?; no salgas a su encuentro puede no ser tu hijo».
«Madre, si mirando al camino se acongoja tu alma y tras la tapia entonces asoma un caminante que trae gran renombre, espada poderosa, ceñidas armaduras, en la mano la palma de la victoria y gesto de sigamos adelante, por mucho que eso valga vale poca cosa el poder de la espada, el oro y el renombre; no salgas a su encuentro, puede no ser tu hijo».
«Madre, si aspirando el aroma de una flor en un día de otoño gris y meditabundo, oyes que alguien te llama y te dice: ¡Señora, allá por el camino viene un gran señor del brazo de su amada, conoce todo el mundo, en la pupila clara trae la mar que añora y en su copa de mieles un sabor de aventura!; no salgas a su encuentro, puede no ser tu hijo».
«Madre, si en invierno, después de haber cenado, estás junto al brasero pensando con desgano, oídos a la lluvia que cae sobre el techo, y en eso, puerta y viento…Es alguien que ha entrado descubierta la frente y herramienta en la mano, levántate a su encuentro porque tienes derecho de abrazar a tu hijo, de quien hiciste un hombre que vuelve de la vida con el jornal ganado», poema «Es el caso de hablar» de Miguel íngel Asturias.
Quise compartir este poema con los lectores y lectoras de Diario La Hora, puesto que en estos días siempre me recuerdan a Virginia, mi madre, quien esté donde esté siempre me dio su amor, ejemplo y sobre todo, me inculcó el trabajo honrado.
Discurso del Cacique Seattle
«El gran jefe de Washington ha mandado decir que desea comprar nuestra tierra. El gran jefe nos ha asegurado también su amistad y benevolencia. Eso es amable de su parte, pues bien sabemos que él no necesita de nuestra amistad. Vamos, sin embargo, a pensar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco vendrá con armas y tomará nuestra tierra. El gran jefe de Washington puede confiar en lo que dice el jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos pueden confiar en el cambio de las estaciones del año».
«Â¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se acabasen, el hombre moriría de soledad de espíritu. Porque todo lo que les sucede a los animales, le sucede luego también al hombre. Todo está relacionado entre sí».
«Debéis enseñarles a vuestros hijos que la tierra donde pisan simboliza las cenizas de nuestros antepasados. Para que tengan respeto a los padres, cuéntales a tus hijos que la riqueza de la tierra son las vidas de nuestros parientes. Enséñales a tus hijos lo que nosotros les hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo cuanto hiere a la tierra, hiere a los hijos e hijas de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, escupen sobre sí mismos».
El anterior es parte de un texto hermoso que refleja el respeto y amor, que todo ser humano debería tener hacia la tierra.