Más de 100 niños figuran entre los numerosos civiles tamiles que murieron este fin de semana en un «baño de sangre» en el noreste de Sri Lanka, denunció hoy un portavoz de la ONU en Colombo, sin mayores precisiones sobre lo acontecido en esa zona donde el ejército se enfrenta con los independentistas.
COLOMBO.- «La muerte de civiles a gran escala, incluida la muerte de más de 100 niños, durante el fin de semana muestra que el baño de sangre del que se había prevenido se ha hecho realidad», declaró Gordon Weiss. Los beligerantes rechazan su responsabilidad en esta masacre.
Las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales (ONG) habían vaticinado que se produciría una catástrofe, ya que miles de civiles se encontraban atrapados en el noreste de la isla, en la zona de combate donde el ejército lanzó una ofensiva contra los rebeldes tamiles.
En una carta al primer ministro japonés Taro Aso, varias asociaciones defensoras de los derechos humanos pidieron al mayor contribuyente financiero de Sri Lanka que intervenga.
«Estimanos que Japón (…) tiene un papel importante que asumir para salvar innumerables vidas de civiles», dice la carta firmada por Human Rights Watch (HRW), Amnistía Internacional y el grupo de investigación International Crisis Group (ICG), entre otros.
«Si el mundo sigue ignorando el sufrimiento de los civiles en Sri Lanka, como ya lo hizo sobradamente, será un fracaso histórico», agrega la misiva.
Según estimaciones de la ONU, 6.500 civiles han muerto y 14.000 resultaron heridos entre finales de enero y mediados de abril, durante la ofensiva final del ejército contra la insurrección separatista.
En cuatro meses, la ONU cree que cerca de 200.000 personas huyeron de los combates y se encuentran en campos en el norte de la isla.
Por su parte, los Tigres de Liberación de Eelam Tamil (LTTE) afirmaron el lunes que más de 3.200 civiles inocentes murieron durante el fin de semana a causa de los bombardeos del ejército, según indica la página web Tamilnet.com.
El gobierno replicó acusando los LTTE de haber matado o herido a 250 civiles para «manchar la imagen de las fuerzas de seguridad ante la opinión pública e internacional».
Es imposible comprobar cualquier información en esta zona aislada del mundo. El régimen limita al máximo el acceso de la prensa y sólo dejar pasar a los empleados del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Los LLTE controlaban antiguamente una amplia parte del noreste de Sri Lanka, pero a finales de febrero sufrieron una severa derrota. Abandonaron sus principales bastiones y ahora su territorio se limita a una franja de 4 km2 en el noreste de la isla que el ejército asegura estar a punto de tomar.
Los rebeldes tamiles todavía pueden contar con la ayuda de la diáspora tamil que sigue apoyando económica y políticamente a la organización, considerada por Estados Unidos y la Unión Europea como organización terrorista.
Tras 37 años de guerra, el gobierno de Sri Lanka está convencido de haber derrotado a la rebelión más temida y mejor organizada del mundo, que controlaba hasta 2006-2007 un tercio de los 65.000 km2 de la ex Ceilán, país de 20 millones de habitantes.