La mundialización de la cultura, una posición crí­tica


La siguiente es la segunda parte de la entrevista al escritor francés Dominique Wolton, realizada por Pablo Rodrí­guez, el 12 de julio de 2005 en Buenos Aires y publicada en Portal de la Comunicación (InCom UAB).

Ramiro Mac Donald
http://ramiromacdonald.blogspot.es/

P.C.: Ciertas formas de acción, de los movimientos altermundialistas, están relacionadas con las tecnologí­as de la información.

D.W.: Sí­. No se puede negar que Internet, por ejemplo, permite nuevas formas de acción. Pero para que la información genere una acción, hace falta una conciencia polí­tica. Amnesty International existe porque hay una conciencia polí­tica mundial sobre ciertos temas, no porque haya Internet; Internet simplemente es una herramienta potente. Internet no va a crear nunca ningún militantismo. Pensar este tema de otro modo es quedarse del lado de la técnica y no preguntar por el contenido, por el sentido.

Para una acción tiene que haber una representación global del mundo, y eso no puede ser creado por canales de información. Estos canales sólo pueden hacer circular representaciones, pero la circulación por sí­ sola no construye representaciones nuevas.

P.C.: Ese es su argumento para defender a la televisión y a los diarios frente a Internet. En la televisión, uno se encuentra con cosas que no eligió ver, mientras que en Internet se encuentra lo que se busca. ¿No es eso desconocer que la idea de «navegar» en Internet supone también una cierta deriva por territorios que no se buscan?

D.W.: Estoy totalmente de acuerdo, pero la lógica de Internet es la de la demanda. Uno va a buscar algo, más allá de que lo encuentre o no, o de que encuentre otra cosa que no era lo que imaginaba. En los diarios y en la televisión hay una oferta ya preconstruida y una demanda potencial. En la lógica de la oferta, la interacción se produce en términos que no estaban supuestos, y que suponen una negociación de sentido.

En la radio, en el diario, en la televisión, hay una lógica de la alteridad. Internet es la lógica de lo mismo. Con esto no estoy diciendo que haya algo bueno y algo malo. Simplemente quiero decir que, desde el punto de vista de la comunicación, y tal como yo la entiendo, Internet no tiene que ver con los mass media, no tiene el mismo modo de funcionamiento ni exige el mismo tipo de respuestas.

P.C.: Las páginas de Internet también son una oferta preconstruida. O sea, el usuario de Internet también estarí­a «negociando sentido».

D.W.: La diferencia es que las páginas y los portales en Internet son accesibles según una guí­a cuyos criterios no conocemos, más allá de que efectivamente usemos buscadores, por ejemplo. Lo que quiero decir es que en los mass media hay una tensión en la construcción del sentido –por eso los estudios de comunicación basculan entre analizar la dominación del emisor y la del receptor– que no está presente en Internet. Internet responde a una demanda individual y en este sentido es simple: los mass media deben satisfacer una demanda heterogénea, y eso es más complicado. Esto supone relaciones diferentes respecto del conocimiento y a la acción. Creo que la relación entre Internet y los mass media es parte de un debate teórico central para los estudios en comunicación, pero a suerte de salir de la cuestión de las condiciones de apropiación técnica de estos medios, que parece ser la única ví­a de reflexión posible hoy.

P.C.: Usted señala que hubo varias etapas de la mundialización: primero fue la mundialización polí­tica con la ONU, luego la mundialización económica y hoy, de aquí­ en más, el problema central es la mundialización cultural. ¿Qué se puede esperar de esta nueva mundialización si las dos anteriores no han sido especialmente exitosas, al menos en términos de igualdad y libertad?

D.W.: No estoy de acuerdo con que la ONU, por ejemplo, no haya sido una institución exitosa. Es el único marco polí­tico internacional a nuestra disposición. Sus documentos y disposiciones son las únicas reglas internacionales en vigencia. Entiendo a dónde apunta usted, pero el hecho de que Estados Unidos no respete a la ONU no quiere decir que la ONU no sirva. En cuanto a la mundialización económica, es exactamente lo contrario de la polí­tica, dado que consiste en la desregulación total de las relaciones industriales y comerciales. En la mundialización económica se trata de romper todas las reglas. Me parece que el nacimiento de los movimientos altermundialistas se produce justamente cuando la contradicción entre ambas mundializaciones se hizo evidente.

Yo creo que la mundialización cultural es el escenario creado por los problemas generados por la mundialización económica. Hubo una etapa en la que se creyó que la mundialización económica abrirí­a e integrarí­a a las sociedades, como queriendo reproducir en algunos años lo que en Europa tomó siglos. Ahora bien, en este siglo XXI se demostró que la apertura de los paí­ses no suprime sus identidades, sino que las refuerza.

Esto es claro, por ejemplo, en el tema de las identidades lingí¼í­sticas. Ahora la cultura es un factor de conflicto, y la comunicación en este sentido es un acelerador de los conflictos, porque todo el mundo ve todo. La mundialización cultural no tiene nada que ver, entonces, con el fin de los Estados-nación y el nacimiento de una cultura mundial, sino que está en el centro de lo que denomino «un triángulo infernal» formado por la identidad, la cultura y la comunicación. Lo que debemos tener en claro es que la identidad es la condición, y no el enemigo como se suele pensar, de la comunicación.