Pero después de haber sido obligada a huir de su casa por segunda vez en menos de un año por un feroz incendio, este paraíso se perdió para ella, una jubilada de 72 años.
El viernes, Campbell fue una de los cientos de personas evacuadas que fueron a dar a una sede de la Cruz Roja creada en un pabellón deportivo del campus de Santa Bárbara de la Universidad de California.
Alrededor de unas 900 camas de campamento estaban alineadas en el refugio, provisto de alimentos, agua, asistencia sanitaria, duchas de agua caliente y acceso inalámbrico a internet para todos aquellos que perdieron sus viviendas por el fuego o que ruegan por encontrar a salvo sus casas una vez que el incendio se haya apagado.
Pero aunque suena cómodo, para Campbell, que se preparaba el viernes en la tarde a pasar su segundo noche en el refugio, ya era más que suficiente.
«Después de esto ya no estoy enamorada de Santa Bárbara», dijo la ex maestra.
«Me voy a mudar a Montana (noroeste de Estados Unidos).Hablo medio en serio. He estado aquí por nueve años pero Santa Bárbara no será la misma después de esto. Fui evacuada por el incendio del año pasado y ya esto es como demasiado. Nada hace que valga la pena esto».
Para Campbell ha sido «un monstruo» la última tormenta de fuego, que se expandió rápidamente desde el miércoles y que ha arrasado con al menos 75 casas de familias modestas hasta mansiones de varios millones de dólares.
«No creo que lo puedan contener», agregó. «Es un monstruo. Solo van a tener que dejar que se queme a sí mismo», dijo la vecina, consumida por la frustración.
Aunque este último siniestro está haciendo que Campbell considere una mudanza en su futuro cercano, Bettina Johnson, nacida en California, dijo que ella y su familia no tienen planes para irse del lugar a pesar del trauma de las evacuaciones por la amenaza de las llamas.
«Soy de California y sé de los incendios y terremotos de toda mi vida», dijo. «Usted termina aceptándolo como parte del precio de vivir aquí», dijo.
«Pero cuando uno ve esas llamas encaramándose por las colinas, dirigiéndose a su casa sigue siendo aterrador», admitió. «Vi el cielo desde mi casa el jueves y estaba azul y de pronto, repentinamente era sólo una nube de ceniza marrón», agregó.
«Yo vivo con mi mamá de 90 años y mi gato. Abandonamos bastante rápido la casa. Esa es la parte más fuerte» de la situación, confesó.
«Todo puede ser reemplazado pero hay cosas que uno colecciona de por vida que tienen un valor sentimental. Y tienes que decirle adiós sin saber si vas a volver a verlas».
«Volví esta mañana al lugar y estaba todo cubierto de ceniza».
Lucy Popova, una portavoz de la Cruz Roja que está en el refugio, dijo que 608 personas habían pasaron allí la noche del jueves y que se esperaban más para los días siguientes.
«La mayoría de ellos están de buen ánimo, y están extremadamente agradecidos de que tienen un lugar para dormir y comida para alimentarse», dijo.
Los bomberos luchaban denodadamente hoy contra un incendio que avanzaba furiosamente en la ciudad costera de Santa Bárbara (California, EEUU), donde las autoridades prevén que pueden ser necesarias miles de nuevas evacuaciones de vecinos.
El fuego avanza desde el lunes, atizado por el viento fuerte y las temperaturas elevadas, y más de 30.000 habitantes de esta ciudad de la costa pacífica ya han sido evacuados, pero es posible que sean evacuadas aún otras 23.000 personas.
Por lo menos 80 viviendas fueron destruidas por el fuego, que arrasó 3.500 hectáreas de esta ciudad balnearia donde viven numerosos astros y estrellas de cine, informó el Departamento de Bosques y de Protección contra el Fuego de California (CalFire).
«Después de esto ya no estoy enamorada de Santa Bárbara», dijo a la AFP la ex maestra Mary Campbell.
«Me voy a mudar a Montana (noroeste de Estados Unidos). Hablo en serio. He estado aquí por nueve años pero Santa Barbara no será la misma después de esto. Fui evacuada por el incendio del año pasado y ya esto es como demasiado. Nada hace que valga la pena esto».
Para Campbell ha sido «un monstruo» la última tormenta de fuego, que se expandió rápidamente desde el miércoles y que ha arrasado con al menos 75 casas de familias modestas hasta mansiones de varios millones de dólares.
El incendio estaba controlado en solo un 10%, aunque los jefes de los bomberos dijeron el viernes que habían logrado contener la propagación de las llamas en muchos lugares, ayudados por una reducción de los vientos y por un aumento de la humedad en las últimas horas.
Un equipo de 3.455 bomberos combatía el incendio, con la ayuda de tres helicópteros y de un DC-10 que se ocupaba de arrojar sobre las llamas productos químicos antiincendio.
«El que rige este incendio es realmente el tiempo», dijo el jefe de bomberos de Santa Bárbara, Tom Franklin. «La evolución del fuego es tan impredecible como el estado del tiempo», afirmó.
Los esfuerzos por contener las llamas se ven obstaculizados por la hojarasca muy seca, como resultado de las escasas lluvias que han caído durante los últimos meses.
«Normalmente hay un poco más de humedad en la hojarasca, pero ahora no es así, hay muchas hojas resecas», dijo Franklin.
Hasta ahora, once bomberos afectados por el fuego o por el humo fueron hospitalizados con quemaduras o con problemas respiratorios después de que una casa que estaban tratando de proteger sucumbió bajo las llamas.
El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, declaró el estado de emergencia a fin de ayudar a liberar recursos para combatir el siniestro.
Bettina Johnson, nacida en California, dijo que ella y su familia no tienen planes para irse del lugar a pesar del trauma de las evacuaciones y las amenazantes llamas.
«Soy de California y sé de los incendios y terremotos de toda mi vida», dijo. «Usted termina aceptándolo como parte del precio de vivir aquí», dijo.
«Pero la imagen de esas llamas encaramándose por las colinas, dirigiéndose a tu casa sigue siendo aterradora», admitió. «Vi el cielo desde mi casa el jueves y estaba azul y de pronto, repentinamente era sólo una nube de ceniza marrón», agregó.
MARY CAMPBELL
jubilada y afectada por los incendios