El domingo 25 de enero de 2009, el señor Víctor Hass envió el siguiente mensaje a la página electrónica del Diario La Hora, relativo al artículo «Â¿Erradicar la violencia?», del sábado 24 de enero de 2009: «Sr. Arias, por supuesto que podemos hacer algo. Convoquemos a la sociedad en general, para que desde la familia trasformemos la sociedad guatemalteca fomentando los valores morales éticos y cívicos y en un tiempo prudencial se verán los resultados. UD. TIENE MAYOR RESPONSABILIDAD DESDE ESTE ESPACIO.»
A raíz del mismo escrito, el señor Luis Rodolfo Cabrera Juárez, en la misma fecha, 25 de enero de 2009, escribió por el mismo medio: «El origen de la violencia que padecemos se encuentra en el terrorismo estatal de fines del siglo XX, que destruyó las organizaciones populares y permitió la corrupción de las instituciones. Hoy, casi todos los guatemaltecos tenemos miedo de organizarnos para reclamar nuestros derechos fundamentales, y esperamos ansiosos la llegada de un Mesías a salvarnos. Esta situación no es permanente, pero su evolución no está determinada por nuestra voluntad sino por la dinámica propia de los procesos sociales. Habrá que darle tiempo al tiempo».
Asimismo la Sra. Marta González, el lunes 16 de febrero de 2009, en base al mismo escrito se pronunció por el mismo medio de la siguiente manera: «Â¿En dónde se inicia la violencia? En donde hay hambre. ¿Qué la sustenta? La pobreza. ¿Cómo puede erradicarse? Con la Reforma Agraria, como primer paso».
Deben agradecerse cordialmente los comentarios de los lectores del Diario La Hora. Estos comentarios inteligentes y henchidos de dignidad, así como muchos otros en los que los lectores (as) de este vespertino que generalmente leen las personas pensantes, iluminan y proporcionan luces a quienes tenemos el privilegio y la responsabilidad de pronunciarnos públicamente a través de medios de comunicación serios, nacionales e internacionales.
Con estas muestras del pensamiento de algunos y, casi seguramente, de muchísimos guatemaltecos, nos formamos la idea de que Guatemala no ha perdido totalmente la dignidad dentro de su tejido social. Pero cabe la inferencia de que una enorme mayoría sí la ha perdido y que ese peligroso segmento debe rescatar la dignidad que se le fue dada en el momento de nacer, porque la dignidad es un atributo de los animales superiores y descansa en su racionalidad y su poder creador, al menos, en un grado de racionalidad superior al del resto de los animales, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad.
Los políticos en Guatemala son personas atrapadas dentro de una vorágine de egoístas intereses propios y ajenos. Generalmente son fantoches manipulados (as). No son personas libres, habitualmente atadas de pies y manos por su propia voracidad y no les importa el desprestigio personal ni el de quienes giran a su alrededor.
Si la mayoría de políticos ejemplificaran recobrando la dignidad perdida, podrían realizar una enorme labor positiva para su patria y para la sociedad. La dignidad equivale a autarquía (El dominio de sí mismo) y autonomía (La no dependencia), pues sólo el que sabe y puede gobernarse a sí mismo, según un principio racional, resulta señor de sus acciones y en consecuencia, al menos parcialmente, una persona libre.
Repito la frase en artículo anterior: Guatemala no levantará cabeza hasta que sea rescatada la dignidad individual y colectiva.