Unas 80 personas se disfrazaron de empleados municipales, pintaron de blanco 120 soportes para carteles publicitarios, colocaron sobre ellos cartas falsas que afirmaban que esos soportes eran ilegales y después crearon sus obras. Jordan Seiler, un fotógrafo y activista que a través de su web Public Ad Campaign aboga por la desaparición de la publicidad del paisaje urbano, fue el «cerebro» de una campaña que también contó con la colaboración de Posterboy, el nuevo enfant terrible del arte callejero.