Después de Juan Sebastián Bach, el otro gran maestro barroco alemán es George Frederick Hí¤endel. Ambos constituyen el momento más alto de la música alemana de aquella época. Entre los dos extraordinarios músicos son muy grandes las diferencias, pero también hay algunas circunstancias comunes. Nacieron los dos el mismo año, el de 1685, en lugares muy cercanos geográficamente; fueron los músicos más importantes de su tiempo, los dos murieron privados de la vista y pasaron ciegos los últimos días de su vida; los dos compusieron música inmortal que sirve de entorno sonoro para Casiopea, esposa dorada, que es corola de luz, tiene acento de rosa, agua de lucero que hace florecer semilla elaborando el surco que abraza la raíz de mi vida.
La diferencia drástica se encuentra en sus personalidades, muy diferentes la una de la otra. Mientras Juan Sebastián Bach fue un hombre sencillo, acostumbrado a la pobreza, concentrado en su modesta tarea profesional, sin querer ni aspirar a los honores y reconocimientos, sin abandonar nunca una pequeña región de Alemania y habitando toda su vida en pequeñísimas ciudades, nunca vistió ropas lujosas ni palaciegas, no conoció siquiera a la gente de teatro, ni tuvo nada que ver con cantantes de ópera, artistas extranjeros, no buscó el aplauso ni el favor del público, ni la popularidad, fue modesto, tranquilo, sereno, humilde e ignorado. Hí¤endel en cambio, fue un verdadero hombre de mundo, para él no fue nada especial el trato con los grandes, con los principales y los reyes, en las grandes Cortes y en los palacios se movía con absoluta confianza y familiaridad, sus trajes eran lujosos y elegantes, su apetito era famoso, trató con toda clase de gentes y muchísimo con los grandes cantantes de su tiempo, satisfaciendo y soportando sus caprichos; como empresario teatral tuvo que luchar con las imprentas, los programas, los empleados, el público, la venta de los boletos, las cuentas; tuvo que preocuparse por las utilidades y las pérdidas. Viajó por Europa, conoció personalmente a los grandes maestros italianos y trabó amistad con ellos.
La vida de Hí¤endel era internacional y cosmopolita, la de Juan Sebastián Bach era provinciana. Hí¤endel se movía en escenarios de importancia mundial, Bach en la modesta iglesia de pueblo donde tocaba el órgano. Los dos grandes maestros nunca se conocieron personalmente, sus mundos eran diferentes. Bach supo de la grandeza e importancia de Hí¤endel; éste no tuvo idea de la existencia de Bach. Ahora que el tiempo ha pasado y se puede hacer un juicio de su obra, Bach ocupa el primer lugar entre los maestros barrocos alemanes y Hí¤endel el segundo.
Nació Hí¤endel en la ciudad de Halle, el año de 1685, hijo de un barbero y cirujano, profesiones que una misma persona ejercía en aquellos tiempos. Fue destinado a la carrera de las leyes y el derecho por su padre, pero su vocación musical se impuso y desde joven estudió música con los mejores maestros de su ciudad natal. Pronto asimiló todo el conocimiento posible y dominó varios instrumentos: el violín, el oboe, los teclados y toda la teoría del contrapunto. Al igual que Bach, hizo personalmente copias de las obras de los grandes maestros italianos, para asimilar su estilo y conocer sus obras.
Conoció a maestros como Telemann y Steffani, que lo ayudaron en sus estudios y en su carrera. Ocupó en la ciudad de Hamburgo, protegido por el gran elector de Hannover, el puesto de violinista en la Orquesta de la í“pera. En esta ciudad estrenó su primera obra de este género, la í“pera Almira, seguida de otra llamada Nerón. También compuso su primer oratorio: La Pasión según San Juan. Estas obras de su juventud no llegaron a la categoría de maestras, pero acusaban ya la vigorosa personalidad del joven músico. Una de ellas fue escuchada por Gastón de Médicis, príncipe italiano, quien lo invitó a visitar Italia.
Abandonó Hamburgo y viajó a Roma, donde permaneció varios años. Esta estancia entre los italianos maduró sus conocimientos y la amistad que hizo con los maestros le fue decisivamente útil para conocer en el propio terreno, la obra de aquellos compositores. Personalmente conoció y fue amigo de Arcangelo Corelli, de Pasquín y de Alessandro y Domenico Scarlatti.
En Italia tuvo excelentes triunfos, estrenó óperas y oratorios. Se le conocía con el sobrenombre de El Sajón y gozó del favor, la popularidad y la fama del gran público, a pesar de ser extranjero.
Volvió a Hannover por poco tiempo, pues de allí viajó a Londres, donde en su primera permanencia de un año tuvo un gran triunfo con su ópera Rinaldo, compuesta en quince días con retazos de otras de sus obras.
En Inglaterra se había detenido la producción musical, desde la muerte de Henry Purcell, quince años antes. No existía una escuela inglesa de la música, ni compositores de prestigio. Hí¤endel, con sus óperas de estilo italiano, volvió a crear en Inglaterra el gusto en la Orquesta de la í“pera, pero por poco tiempo. El gran elector, su protector, fue nombrado rey de Inglaterra y se trasladó a su nueva corte en Londres llevando consigo a Hí¤endel.
Ya en Londres permaneció el resto de su vida, se hizo ciudadano británico y fue en esta última etapa en donde compuso sus obras más descollantes. Para entonces su estilo había madurado. Su música, todo lo contrario de la de Bach (introvertida e íntima), era abierta al mundo, al escenario dramático. Su carácter imperioso y altivo buscó encontrar sus modos de expresión en las grandes y sugestivas líneas capaces de entusiasmar a las multitudes, conservando ciertamente una enorme calidad y grandeza, pero sin desdeñar en algunas ocasiones un apoyo en lo convencional. Las melodías de Bach son elaboradas continuamente, evitando improvisaciones, fluyen con naturalidad y a veces arrebataban al auditorio aun cuando falte la sabiduría contrapuntística, que es portentosa en Juan Sebastián Bach.
Hay un fenómeno notable: muchos grandes maestros como Juan Sebastián Bach, Antonio Vivaldi, Jean Phillippe Rameau y otros, fueron olvidados durante muchísimos años y hasta hace pocos años se han revalorado y reconocido sus grandes méritos; en cambio Hí¤endel fue el músico más importante de Inglaterra y siguió siéndolo sin ninguna interrupción hasta nuestros días. Hizo desaparecer lo que era en este tiempo la música inglesa y su obra reinó desde el momento de su creación, sin que nuevos maestros lo sucedieran por muchos años. Es hasta a fines del siglo XIX y principios del XX, que empiezan nuevamente a surgir algunos músicos ingleses de alguna importancia internacional.
Hí¤endel anticipó ciertas formas musicales que más tarde fueron parte de la técnica del clasicismo, tales como el hincapié en la melodía y la armonía, el uso de bloques de sonidos de distintos timbres. Esto constituyó una novedad en su tiempo y sirvió para apoyar las nuevas formas que empezaban a nacer.