Dadas las condiciones de inseguridad que hay en Guatemala, una interpelación bien hecha tendría que reflejar por fuerza el fracaso de las autoridades de Gobernación en la lucha contra las distintas formas del crimen porque no hay absolutamente ningún resultado positivo que se pueda blasonar. Por el contrario, los índices de delincuencia se mantienen en crecimiento y no hay día de Dios en que no se produzcan hechos lamentables que enlutan a familias guatemaltecas sin que el Estado atine a cumplir con su función de garantizar la vida y la seguridad de las personas.
Obviamente en el Congreso los diputados que han dirigido la interpelación del ministro Salvador Gándara están más preocupados por alargar el interrogatorio y usarlo como instrumento para impedir el avance de otros puntos de la agenda legislativa que en el tema puntual de la seguridad ciudadana porque en realidad no han logrado desnudar la realidad ni colocar al funcionario en los apuros que tendría que sufrir si los interpelantes entendieran el sentido de ese instrumento parlamentario de fiscalización.
Una bancada que usa la interpelación como práctica para detener la acción legislativa le hace un daño tremendo al sistema porque veremos que al final de cuentas no aportarán luces respecto a la ausencia que todos los ciudadanos intuimos, de una política coherente en materia de seguridad. Cierto es que la interpelación es un instrumento político de control, pero no hay que confundirlo con un gesto politiquero para entrampar al parlamento y menos en un tema tan sensible y preocupante como el de la seguridad ciudadana.
Los guatemaltecos merecemos algo de respeto y nuestra inseguridad y el dolor de tantas víctimas amerita un trabajo más serio a la hora de interpelar al encargado de dirigir la política nacional de seguridad ciudadana. Lo que están haciendo los diputados de la bancada del señor Baldizón es una burla al dolor y el sufrimiento de todas las víctimas que ha dejado esta ola tremenda de criminalidad que se evidencia imparable, porque no están poniendo el dedo en la llaga y al observar su comportamiento uno nota que su interés está en el reloj, en la forma en que pasan las horas en medio de estériles preguntas, y jamás en llegar a fondo con respecto a los desaciertos del Estado para combatir el crimen y darle seguridad a los ciudadanos.
Reiteramos que si en algún campo de la administración era justificada la interpelación del titular de la cartera a cargo, es en Gobernación porque la inseguridad agobia al pueblo. Pero la farsa montada por los interpelantes, a quienes evidentemente no les preocupa la seguridad sino entrampar al Congreso, es una burla inaceptable.