Digo, porque se viaja bastante y ya sabemos que viajar es vivir, y cuando digo viajar no lo digo pensando sólo en esas idas y a veces quedadas de algunos (unas) funcionarios por Nueva York, Brasil y El Caribe. Lo digo además, tomando en cuenta esas giras que el «Presidente de los pobres» realiza a lo largo y ancho de la República con su enorme comitiva y sus exageradas y costosas medidas de seguridad, mientras el resto de los y las mortales que vivimos en este país andamos a la mano de Dios, es que la fe… es lo único que nos queda.
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Y entre visitas y montajes de «Gobernando con la gente», vemos cómo cobra vida aquella frase que reza: «del dicho al hecho hay mucho trecho», porque pese a que algunos de los compromisos tienen fechas ya pasadas aún no vemos nada claro ni concreto, ni a los responsables, ni mucho menos nuestros impuestos transformados en proyectos, programas, escuelas, viviendas y salud.
Y aunque esto es hasta previsible, tomando en cuenta que este gobierno es más imagen
que otra cosa, lo que particularmente me indigna, y lo que tiene molesta y decepcionada a mucha gente, es la prepotencia con la que se realizan estas actividades pensadas desde la lógica estatal y no de la que surge en las comunidades.
Así las cosas, y hablando directamente, ofende que mientras se jactan de gobernar para los pobres y gritan a los cuatro vientos su compromiso con el pueblo y el respeto por la pertinencia y la espiritualidad, excluyen a quienes acuden a estas actividades con acciones que más parecen medidas extremas de seguridad de un aeropuerto gringo. Tal es el caso de lo ocurrido en marzo durante este espectáculo en Quiché, en donde no se les permitió el ingreso a las mujeres con hijos, como si existieran guarderías por todo el departamento para atender a los infantes.
Lo mismo ocurrió con las y los representantes de las alcaldías indígenas de distintos municipios, quienes se vieron obligados a dejar su vara, algo que en esta área tiene mucho significado, cosa que se supone el Presidente debería de saber, ya que como él ha dicho tiene amplio conocimiento de la cosmogonía maya.
Esto por seguridad, o al menos así lo justifican, creo que si se quisiera agredir al presidente no es necesaria la vara, al estilo del oriente bien se le puede tirar un tenis.
No toman en cuenta que muchas de las personas que asisten a estas actividades tienen que salir de madrugada de sus comunidades, tomando varios buses y caminando largos trechos, todo con la esperanza, que bien que usaron en su campaña los que ahora gobiernan, de que algo cambie para bien y puedan mejorar las condiciones de vida de sus paisanos.
Lamentablemente para quienes nos gobiernan, esto no es importante y estas salidas son más bien excursiones de los funcionarios, en donde no abunda el frijol ni el maíz, pero sí la fiesta, los desmadres, la bebida y otras cosas.