La Tierra en peligro


Recientemente, en casi todos los paí­ses, se celebró el Dí­a de la Tierra; así­, en nuestro entorno se hicieron sentir algunas entidades y personas pertenecientes a las organizaciones no gubernamentales, quienes mostraron su preocupación por el continuo deterioro ambiental que incide en el planeta que habitamos.

Rolando Alfaro

Por otra parte, hemos manifestado, por varias décadas, que no es suficiente con acordarnos del cumpleaños de la Tierra, sino de mantener constantemente informada a la población que, en mayor o menor número, no tiene acceso al tema ambiental.

La educación ambiental, en consecuencia, es básica para hacer conciencia en los futuros ciudadanos, pero desgraciadamente, ello no ha sido posible, y esa problemática de no explicarle a los niños y adultos, acerca de la necesidad de comprender que si contaminan dañan el entorno que les rodea, es y seguirá siendo un obstáculo para mejorar las condiciones ambientales en que se vive y evitar con ello la depredación que se mantiene en el territorio nacional, destrucción de los ecosistemas, del paisaje, de los lagos y demás recursos naturales.

Lo anteriormente escrito, sin duda, nos conduce a meditar profundamente sobre las soluciones que deben presentarse a los habitantes del territorio nacional, a efecto de que ya no continúen con malas prácticas en el manejo del ambiente que les rodea.

Y el camino apropiado es, el de la educación ambiental a todo nivel: elemental, básico, secundario, universitario e informal. Obras son amores y no buenas razones.

La casi total indiferencia con la que se mantiene a la población en relación al tema ambiental es más que alarmante, pues nos indica que la formación de conciencias aún no existe para entender que si destruimos nuestro ambiente, entorno humano o medio que nos rodea, escasearán los recursos y la producción tendrá que ser de bajo nivel debido a los estándares de calidad ambiental que año con año, los paí­ses que han suscrito tratados de libre comercio, lo vienen exigiendo por la legislación especí­fica y compromisos que han suscrito.

A nadie escapa, que en materia de Derecho Comparado Ambiental, la información, que nos brindan los diversos paí­ses que han entrado plenamente al estudio y regularización de su legislación, es más que moderna, algo que a la fecha ha sido imposible lograr en la República de Guatemala.

Las universidades que poseen facultades de Ciencias Jurí­dicas, no todas, vienen luchando con el tema de ir formando a sus futuros egresados en Derecho Ambiental, pero aún persiste el criterio de que es una especialidad muy nueva y esa circunstancia impide ilustrar a los profesionales acerca de las bondades del Derecho Ambiental que, por cierto, es novedoso ya que comprende las mismas disciplinas del Derecho Común, con la diferencia que el bien jurí­dico tutelado es el Ambiente o Entorno Humano.

En conclusión, el desarrollo debe ser sin destrucción, pero para poder obtener niveles óptimos de calidad de vida ambiental, es de urgencia nacional educar a la población, porque sin este requisito, será inútil formar ciudadanos con conciencia ambiental y que, en verdad, amen a nuestra Guatemala, paí­s que representa bellezas naturales que merecen un mejor destino.