Al ver el «aporte» que hizo la flamante Corte Suprema de Justicia al emitir un reglamento para normar el trabajo de la Comisión de Postulación que deberá convocar el Congreso de la República en breve para proceder a elaborar el listado de los candidatos a integrar esa misma Corte y las Salas de Apelaciones, le viene a uno a la mente aquella vieja expresión usada para titular esta columna, porque lejos de ser un aporte y una ayuda que venga a transparentar el proceso, le pone el candado que hacía falta para mantener en reserva los datos al establecer que los miembros de dicha comisión «tienen la obligación de mantener en reserva toda la información relacionada al proceso».
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Ciertamente el Reglamento invita a la fiscalización de la sociedad a partir de la publicación de la lista de los abogados que presentaron su papelería para que quien tenga algo que cuestionar pueda hacerlo, pero en absoluto no hay posibilidad de fiscalizar el proceso porque todo lo que se haga, incluyendo el trámite que den a las impugnaciones, será parte de esa reserva consignada expresamente por el Reglamento que impide aun a los más honestos miembros de la Comisión, hablar de la forma en que se tramitó el expediente.
Es importante saber que a pesar de los candados que le están imponiendo al proceso, pocas veces como hoy existe tanta convicción de lo importante de la conformación de la Corte Suprema de Justicia y de las Salas de Apelaciones. Posiblemente ello sea consecuencia de que el tema de la impunidad ha sido puesto en el tapete y se ha ejemplificado de manera más que categórica con el tratamiento que los tribunales y fiscales han dado a las investigaciones en casos puntuales como el encubrimiento criminal realizado desde el mismo Ministerio Público en casos paradigmáticos de delitos contra la vida, y el desfalco al Estado tras haber utilizado al Ministerio de la Defensa y el presupuesto de gastos militares como la caja chica de altos mandos y de políticos que se enriquecieron con dinero que proviene de las contribuciones fiscales de la población.
Por supuesto que esa clarísima evidencia de que nos jugamos mucho con el proceso de postulación y posterior elección no pasa inadvertida para los políticos del país y cabalmente porque la entienden es que hay ahora también tanto interés de su parte por mantener controlado el proceso a fin de no perder el control que han ejercido sobre el aparato judicial del país que les ha apañado en todas sus acciones. El mismo Organismo Ejecutivo adoptó la postura cínica de pactar con los grupos más tenebrosos para asegurarse los votos a favor de su mal llamada reforma fiscal a cambio de que esas pandillas puedan tener el control del poder judicial mediante la integración de Salas y una Corte que responda cabalmente al compromiso de asegurar, a como dé lugar, la impunidad para quienes sienten ya la espada de Damocles sobre la cabeza.
De la Corte actual no podía esperarse nada diferente y al ponerle la tapa al pomo, como decía el bien recordado doctor Humberto Arias Tejada, no hizo sino ratificar la vocación y tendencia que mostró durante todo su período y que culminó con el juego de intereses relacionado, cabalmente con la integración de la nueva Corte, que impidió la elección de Presidente a lo largo de este último año del período.