«Tal vez el obstáculo más serio que impide la evolución de una ética para con la Tierra sea el hecho de que nuestros sistemas educativo y económico en lugar de estar dirigidos a inculcar una intensa conciencia de la Tierra, se alejan de ella». La anterior es una cita que encontré en el texto «í‰tica y ecología», que compiló mi amigo Olmedo España.
Y es que en la actualidad se plantea la urgente necesidad de que el ser humano debería ser ético con el uso de los recursos naturales o protegiendo el entorno en que vivimos.
Recientemente viajé, en autobús, a Esquipulas. A mitad de camino hubo media hora para desayunar. Varios pasajeros se proveyeron de bolsitas de frituras y gaseosas en recipientes plásticos. El ayudante, después de la breve parada, pasó por los pasillos sosteniendo una bolsa plástica en la cual todos colocamos basura.
¡Al fin, en un autobús se cuidan de que los usuarios no lancen las basuras por las ventanillas!, pensé.
Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando se abre la puerta principal del bus y el ayudante lanza, a una cuneta, la gran bolsa plástica llena de basura. A partir de ese momento, y gracias a la comodidad de no ir manejando, dejé de leer y me dediqué a ver el entorno por donde pasaba. Fue impactante observar la cantidad de bolsas plásticas, envases plásticos y de otros materiales tirados a la vera del camino.
Al ingreso de varias poblaciones y la historia se repite. ¡Basura, basura y más basura! Y en ninguno de los poblados, a donde entró brevemente el autobús, vi recipientes de basura. Por lo anterior la cita con la que inicia este artículo no está alejada de la realidad. Es en la escuela donde el ciudadano se forma: en donde se le debe inculcar la ética por la Tierra.
Sin duda que en algunas universidades ya se hacen esfuerzos por impulsar la educación ambiental. De ahí que la Maestría en Educación con Orientación en Medio Ambiente que impulsa la Universidad de San Carlos, cobra vigencia. Además, cobra relevancia por el hecho de que esta educación se lleva a cabo en cuatro centros regionales ubicados en el interior del país.
Con la llegada de este tipo de educación se estarán sentando las bases para que profesionales de todas las áreas, pero en especial aquellos vinculados a la docencia, obtengan conocimientos en torno al medio ambiente y que les despierte el interés por transmitir a sus alumnos, amigos o vecinos la urgente necesidad de que cada uno, en su entorno, sea ético con la Tierra.
Otro párrafo del libro mencionado plantea que: «…la defensa de la ética de la Tierra podría parece desesperanzada, excepto por la minoría que está en obvia rebelión contra las tendencias modernas».