Convencido de estar ganando una guerra que comenzó en 1972, el gobierno de Sri Lanka anunció haber ordenado a sus fuerzas armadas «que cesen la utilización de armas de calibre pesado, aviones de combate y bombardeos aéreos que podrían causar víctimas civiles» en el último enclave en manos de los rebeldes tamiles.
El ejército «se limitará a intentar socorrer a los civiles tomados como rehenes», prometió un comunicado de la oficina del presidente Mahinda Rajapakse.
Pero un alto responsable gubernamental precisó a la AFP que no se trata «ni del fin de la operación militar ni de un alto el fuego».
Los rebeldes consideraron por su parte que Colombo intenta con estas declaraciones «reducir la presión internacional» que se intensifica desde hace una semana.
De hecho, los combates proseguían el lunes entre los insurgentes y el ejército, afirmó el portavoz de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE), S. Puleethevan, en una llamada telefónica recibida por la AFP desde la franja costera de 10 km2 donde la guerrilla está acorralada junto a decenas de miles de civiles.
Los militares «realizaron durante la tarde dos ataques aéreos», aseguró. Las tropas de Colombo también dispararon con armas pesadas, denunció la página web Tamilnet.com que divulga las reivindicaciones del LTTE.
Los Tigres Tamiles habían proclamado el domingo un alto el fuego unilateral en la última zona bajo su control, una oferta que el influyento secretario de Defensa, Gotabhaya Rajapakse, hermano menor del presidente, tildó de «broma», exigiendo la rendición total y sin condiciones de los insurgentes tamiles.
«Hemos anunciado claramente nuestra posición a la comunidad internacional: nunca nos rendiremos mientras nuestras legítimas reivindicaciones no sean satisfechas», le respondió Puleethevan.
Los hinduistas tamiles del LTTE han luchado desde 1972 por fundar un Estado independiente en Sri Lanka, una isla habitada en su mayoría por budista cingaleses (74%).
El responsable de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, John Holmes, está desde el domingo en Colombo, adonde viajó para reclamar una «pausa humanitaria para (…) que puedan entrar trabajadores humanitarios en la zona del conflicto».
Holmes tenía previsto entrevistarse con el presidente Rajapakse a última hora del lunes.
El miércoles llegarán a Sri Lanka los ministros de Relaciones Exteriores británico, francés y sueco, David Miliband, Bernard Kouchner y Carl Bildt.
La comunidad internacional ha llamado varias veces a los Tigres a deponer las armas, en un conflicto que ha causado más de 70.000 muertos en 37 años.
Según la ONU, probablemente más de 6.500 civiles murieron y 14.000 resultaro heridos desde que el ejército lanzó en enero su ofensiva «final».
Desde que el 20 de abril comenzó el éxodo masivo de civiles, la ONU calcula que más de 100.000 personas salieron de la zona de conflicto y que quedan unos 50.000 civiles atrapados en la zona rebelde.