Ligia Bernal, una dramaturga de vanguardia y corazón


Claudia Navas Dangel

Rubén Morales Monroy consideró a Ligia Bernal, a Manuel José Arce y a Hugo Carrillo como al trí­pode del teatro moderno de Guatemala. A lo largo de casi seis décadas ha estado presente en las tablas, en la docencia y el impulso al teatro, como medio para llevar un mensaje al gran público. Pero, en especial, a los niños con quienes ha trabajado muy de cerca.


Además, ha sabido incursionar con obras originales, escritas por autores guatemaltecos, en la mente de adolescentes y de estudiantes universitarios. Activa y alerta sigue creando con un amplio espectro de intereses, que incluye narrativa y poesí­a, didáctica y a un infatigable afán por mantenerse al dí­a en el acontecer cultural del paí­s. En esta breve entrevista concedida en su casa, Ligia Bernal recuerda, valora y proyecta el futuro del teatro nacional.

-Claudia Navas Dangel: ¿Cuál ha sido su rol en el desarrollo del teatro nacional?

Ligia Bernal: Me tengo que remontar a la década de los años 50, no hablo de los 40 porque en realidad no habí­a mayor manifestación de teatro en el aspecto cultural, estaba muy parvularia, con todo el dolor de mi generación fue a partir del año 1944 cuando se dio esa alborada, esa aurora que la Revolución nos trajo. Entonces ya se pudieron dar manifestaciones de arte y cultura.

-CND: ¿Recuerda alguna compañí­a en especial?

LB: En los inicios, me recuerdo de la cofundación del Teatro de Arte Universitario -TAU-, el cual disfruté mucho porque, de un terreno árido como el que operaba en aquel tiempo, el teatro universitario tuvo gran empuje y una gran fuerza para mover juventudes. A nosotros nos interesaba que el mensaje del teatro llegara a las esferas menos privilegiadas, a las que necesitaban del mensaje artí­stico.

El TAU cambió toda la simbologí­a que existí­a y se cambiaron los patrones, por ejemplo, estaba en esa época don Alberto Martí­nez con su Compañí­a Dramática Nacional, en la que interpreté siempre a Doña Inés, en Don Juan Tenorio, de manera que ya habí­a que cambiar.

-CND: ¿Cuáles cambios se dieron?

LB: Yo estaba en los inicios de mi vocación, a don Alberto le cambiaron el repertorio, porque a le gustaban mucho los autores españoles del siglo pasado, como Seca, por ejemplo, autores que en realidad ya no encajaban con los cambios que se estaban dando en ese tiempo.

-CND: ¿Cómo ocurrió esto?

LB: EL TAU comenzó a despapelar a los clásicos y se fundaron las misiones ambulantes, con las que trabajábamos en los departamentos y tení­amos una gran respuesta. A pesar de que í­bamos ante un público completamente desvinculado de las actividades artí­sticas les gustaba nuestra llegada, nos atendí­an fabulosamente y salí­amos con la satisfacción de verlo lleno espiritualmente y de haber llevado el mensaje que necesitaba toda esa gente en los departamentos.

-CND: ¿Y la labor educativa?

LB: Mis inicios en el teatro los puedo fijar en la década de los 50. Posteriormente, tuve la oportunidad, dentro de mi trabajo en la Dirección de Educación Estética, donde los supervisores nos dedicábamos en un cien por ciento a dar un mensaje artí­stico a los niños, de fundar el Grupo Escénico del Magisterio, GEMA, y con él logré conquistar a un numeroso sector magisterial. Montábamos obras escritas por los maestros, y las maestras comenzaron a publicar. De hecho, hay una antologí­a con 30 obras para teatro infantil escritas todas por maestras de educación primaria y de nivel medio también. Esto ejemplares se agotaron y estoy pensando en que se podrí­an reeditar, de manera que sin í­nfulas de ninguna naturaleza, mi vida durante esa época se centralizó en la manifestación del teatro para estudiantes de todos los niveles. Con ellos pusimos entremeses de Cervantes, de Alejandro Casona, algo de Moliere. De Casona, por ejemplo, Los árboles mueren de pie, que posteriormente lo tomó el teatro de la Universidad Popular con Mildred Chávez y un elenco magní­fico.

-CND: ¿A cuál público iban dirigidas esas obras?

LB: Desde parvulitos, porque las maestras de párvulos son como decí­a Angelina Acuña, las jardineras que llevan los ambientes sólidos a los pequeños niñitos. Ellos reciben con toda alegrí­a e ingenuidad el mensaje, y para mí­ fue muy satisfactorio entrar en todos los niveles de educación hasta el nivel medio y después al magisterio.

-CND: ¿Recuerda esa época con alegrí­a?

LB: Hay muchos aspectos que son de grata recordación, pero algunos se han quedado un poco en la trastienda, sin embargo, me satisface muchí­simo que con los grupos que yo trabajé, todos respondieron en forma admirable y sí­ se sintió que el mensaje estaba dejando su semilla, porque, posteriormente, se organizaron grupos de maestros de teatro para niños de nivel primario. Además, hay un aspecto que no puedo dejar de mencionar, porque es una materia que lamentablemente ya no tuvo seguimiento, y es el de la poesí­a coreográfica.

-CND: ¿A qué se refiere?

LB: No puedo decir que es un arte creado por mí­, porque el arte es tan antiguo como los griegos, pero traté de adaptarla a nuestra ambiente y se llama así­ porque la coreografí­a se introduce dentro de un poema, elaborado posteriormente hasta por los mismos niños o por sus maestros.

-CND: ¿Cómo se lleva a cabo?

LB: Hay grupos de niños que toman la parte que les gusta de un poema, la memorizan e introducen la coreografí­a, o sea el movimiento. Es un material completo, total, porque incluye arte dramático, educación musical, artes plásticas y danza.

-CND: ¿Cuál es la finalidad?

LB: Los niños se dejan llevar por su entusiasmo y pintan lo que su mano les va conduciendo, se trata de despertar en él la inquietud y la vocación que tenga para determinar ciertos hábitos artí­sticos. Esto ya no se hace, es algo que ya no se practica y era tan agradable, tan maravilloso, porque la creatividad en el niño es innata. Al respecto, tengo un libro que publicó Piedra Santa pero se agotó, y que sirve para la enseñanza de la poesí­a coreográfica. Hoy ya no se encuentra nada de eso, ni siquiera a nivel internacional, el modelo se llama creación colectiva porque no puede ser elaborado por un solo alumno, deben trabajar juntos.

-CND: ¿Y en la Universidad?

LB: Ahí­ también pretendimos presentar aspectos de autores clásicos, algo de Cirano de Bergerac, de Moliere, tratamos de que la clase no fuera didáctica pura, que llevara movimiento y acción y que recibiéramos del alumnado el mensaje que pretendí­amos.

-CND: Usted, Hugo Carrillo y Manuel José Arce, ¿podrí­an considerarse los creadores de la nueva dramaturgia guatemalteca?

LB: Yo creo que sí­, podrí­a parecer pretencioso pero, siempre dentro de la década de los 50, a Rubén Morales Monroy se le ocurrió que Hugo, Manuel José y yo podrí­amos ser los portadores del teatro joven de la época. Se montó un evento que se llamó el Primer Festival de Autores Jóvenes. Manuel José trabajó con sus obras El gordo, el flaco y una rockola y otras que en este momento se me escapan. Hugo Carrillo con la Calle del sexo verde y yo con Tus alas Ariel y La piedra en el pozo. Tuvimos mucho éxito y constituye para mí­ un recuerdo maravilloso.

-CND: ¿Cómo fue su incursión en otros géneros literarios?

LB: Tengo un poemario que se llama canción de los dos caminos, mensajes í­ntimos y poemas dispersos que no he logrado editar. Es un mensaje de exaltación a la mujer actual, que pretende liberarse de una serie de cánones de anquilosamiento, no en la expresión sexual, aunque tengo un poema así­. No soy lí­rica, mi poesí­a es de protesta. Yo quisiera aún editar un volumen que contenga las obras de teatro, la poesí­a y algunos ensayos.

-CND: ¿Cómo considera al teatro actual?

LB: Creo que ha decaí­do un poco en su mensaje, sólo se ha tomado la pantomima, el remedo de funcionarios, hace falta promocionar. Que yo sepa últimamente no han surgido valores juveniles y con el í­mpetu que se necesita para la época que estamos viviendo. Hace falta estí­mulo, ya que el teatro lleva mensajes que en otros paí­ses moviliza y levanta espí­ritus.

-CND: ¿Considera que para el teatrista es importante formarse en la escuela clásica?

LB: Indudablemente, de ese aspecto no podemos prescindir, dentro de los cursos que daba, cuando era supervisora, tocábamos estos aspectos. Mantener el culto a los griegos es importante, hay que observar que los clásicos siguen presentes.

-CND: ¿De qué tratan las obras que está escribiendo?

LB: Son cinco iniciadas, tengo una que se llama ¿Querí­a usted ser presidente?, censurando las acciones que han tenido los gobernantes de la ultima horneada; otra se llama Los polvos del Señor Embajador, otra más se refiere a aspectos galácticos. En esas estoy.

-CND: ¿Qué siente cuando ve una obra suya montada?

LB: Me emociono mucho y tengo un sentimiento de gratitud, porque han buscando ese material para expresarse, hayan encontrado el significado y el contenido lo hayan sabido explicar.

-CND: ¿No es delicado que monten una obra y que con los cambios que le hagan los directores se llegue a sentir que mutilaron su trabajo?

LB: No he tenido ese sufrimiento, los directores que me han llevado a las tablas han respetado mis textos, ya que son sencillos, directos y portadores de mensaje.

-CND: ¿Ha dirigido teatro?

LB: Sí­, con el grupo escénico del magisterio dirigí­ varia sobras, algunas mí­as, otras clásicas y algunas de los maestros.

-CND: ¿Cuántas obras ha publicado?

LB: Como ocho, pero no sólo de teatro, también de función docente y de teatro infantil, entre ellas Jacobo y las brujas de la tela de araña.

-CND: ¿Qué le gusta más, actuar, dirigir o escribir?

LB: Estar sobre las tablas, creo que estuve el tiempo suficiente, me llenó todo lo que pude hacer y en la época que me tocó hacer teatro sobre las tablas no tení­a mucho espacio, los que trabajamos lo hací­amos por amor al arte, ahora ya nadie lo hace y tienen razón, en mi época era hacerlo porque sí­, era por amor al arte de verdad y repito, está bien por dignidad que ya no se haga así­. Dirigir también es muy especial pero ahora lo que ocupa es escribir.

VIDA Y OBRA


Ligia Bernal de Samayoa nació en 1932. Es escritora y actriz. Su verdadero nombre es Raquel Barbales Estrada, pero en el ambiente artí­stico se le ha conocido como Ligia Bernal de Samayoa. Maestra de arte especializada en teatro. Profesora en Letras e Historia y Licenciada en letras.

Tiene estudios de especialización en la Real Academia de San Fernando, Madrid, España. Se inició en las actividades teatrales con el grupo del Instituto Nacional Central para señoritas Belén. Participó en el Teatro de Arte de Guatemala (TAG), bajo la dirección del dramaturgo Carlos Girón Cerna y el escritor Miguel Marsicovétere y Durán.

Fue miembro fundador del Teatro de Arte Universitario (TAU). Miembro fundador del Grupo Artí­stico de Escenificación Moderna (GADEM). Miembro fundador del teatro «El Globo» de Lola Bravo, en México D.F.. Fundó la Asociación de Amigos del Arte Escolar (AMARES). Realizó estudios de especialización de teatro y literatura dramática en México, Estados Unidos, Francia, España e Inglaterra.

Como actriz participó en más de cien obras. Escribió teatro para adultos: «Marí­a», «La niña de la Esperanza», «Mujer y noches solas», «El eco», «Dos almas en apuros», «Tus alas Ariel», «La piedra en el pozo», «Café Concordia», «Su majestad el miedo», «De lo que aconteció en el año 2000», «El negro» y la adaptación de «Mansión de brumas» novela de Argentina Dí­az Lozano.

En teatro para niños: «Casa de Albañil», «Estampas de navidad», «Juguetelandia», «Semblanza de la independencia», «El niño Dios de Marí­a», «El sueño de Renato», «El carnaval de los animales» y «Jacobo y las brujas de la tela de araña».

Produjo y dirigió programas radiales en diversas emisoras del paí­s, especialmente en Radio T.G.W. Dirigió el programa «Por los caminos del arte y la cultura». Dirigió la página de Arte y Cultura del Diario de Centroamérica, fue jefe de redacción de la «Revista México, Voz de la patria» de México D.F.. Entre su obra poética figuran: «Los Fundamentales», «Canción de los dos caminos», «Prosas í­ntimas», «Amorosa pregunta a Xelajú» y «Poemas infantiles».