Desde el despegue de apertura con Jets, su éxito setentero con su banda Wings, hasta el cierre casi tres horas después (cerca de la una de la madrugada) con The end, de los Beatles, Paul McCartney llevó el viernes el Festival de las Artes y la Música del Valle de Coachella a un nuevo nivel, juntando a más generaciones que nadie.
A pesar de la aparición también histórica de Roger Waters de Pink Floyd el año pasado, no se puede comparar con la de McCartney, cuya audiencia iba desde colegiales hasta abuelos. Algunos admiradores esperaron frente al escenario principal del festival todo el día, incluidas dos mujeres con un cartel que aseguraba que habían estado en las actuaciones de los Beatles en Las Vegas y en el Hollywood Bowl en 1965.
McCartney podría haber ofrecido el típico repertorio nostálgico en este legendario festival, pero en vez de eso decidió recorrer toda su carrera hasta su último álbum The fireman.