Islandia celebra el sábado legislativas anticipadas que se anuncian como una sanción al partido de centro-derecha que gobernó durante años uno de los países más prósperos del mundo pero cuya economía, expuesta a la especulación financiera, se hundió hace seis meses.
Los últimos sondeos auguran una severa derrota del Partido de la Independencia (PI), que ejerció el poder desde 1991 hasta enero pasado.
La gran ganadora sería la coalición de centro-izquierda formada por los partidos Socialdemócrata y de Izquierdas-Verdes(IV), que tomó al mes siguiente las riendas del país, tras la debacle ocasionada por la crisis financiera mundial.
La coalición está liderada por la actual primera ministra socialdemócrata Johanna Sigurdardottir, una líder política que se asume abiertamente como homosexual.
«Todo apunta a un desastre para el Partido de la Independencia», indicó el analista político Gunnar Helgi Kristinsson a la AFP. «Se les culpa de la crisis».
Los islandeses disfrutaron durante años de un crecimiento económico promedio del 4% anual (5,5% en 2007), que fue la envidia del resto de Europa. Pero resultó ser una de las economías más expuestas a la especulación financiera que desmoronó la economía mundial en septiembre de 2008. Los efectos en la isla fueron devastadores y la dejaron al borde de la quiebra.
La corona islandesa se derrumbó y el gobierno se vio obligado a tomar el control de los tres principales bancos del país.
El Banco Central calcula que el desempleo, prácticamente inexistente antes de la crisis, alcanzará el 10% de la población activa antes de final de año y el ministerio de finanzas prevé una contracción del consumo de las familias del 24,1% en 2009.
Meses de manifestaciones tras la crisis forzaron al Partido de la Independencia a abandonar el poder.
El último sondeo publicado el miércoles por el diario Morgunbladid otorgaba el 31,7% de las intenciones de voto a los socialdemócratas y el 25,7% a Izquierdas Verdes. El Partido de la Independencia lograría tan solo el 22,5%, muy por debajo del 27% registrado en 1987, que era hasta ahora su peor resultado en unas elecciones.
La crisis económica alimentó además el debate sobre la pertinencia de ingresar en la Unión Europea (UE). Los socialdemócratas consideran que la entrada al bloque mantendría a la isla de 320.000 habitantes protegida de la turbulencia global. Pero los Verdes se oponen porque quieren defender a la pesca islandesa del intervencionismo de Bruselas.
Alrededor del 15% de los 227.896 electores inscritos se mostraban indecisos apenas unos días antes de los comicios.
Este alto porcentaje podría provocar «una sorpresa, pero no sabemos en qué dirección», señaló Gunnar Haraldsson, director del Instituto de Estudios Económicos de Islandia, quien predijo una alta abstención en contraste con el 83,6% de participación de 2007.