Varios grupos de talibanes «patrullaban el distrito de Buner», confirmó por teléfono a la AFP Rasheed Jan, un agente de policía de esa zona.
Cientos de combatientes islamistas, vinculados a Al Qaeda y a los talibanes afganos, circulaban en la capital del distrito, con armas ligeras y lanzacohetes, e instalaron puestos de control en las principales carreteras, indicaron habitantes y responsables administrativos locales que solicitaron el anonimato.
Desde el día anterior ocupaban las mezquitas, los edificios de la administración y los locales de varias organizaciones no gubernamentales locales, según las mismas fuentes.
El miércoles, la caída previsible de ese distrito provocó reacciones muy hostiles por parte de Washington hacia Islamabad, su principal aliado desde 2001 en la «guerra contra el terrorismo».
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, expresó abiertamente sus inquietudes ante la posibilidad de que armas nucleares caigan en manos de islamistas radicales.
«Nunca se destacará lo suficiente la seriedad de la amenaza que plantean al Estado de Pakistán los continuos avances de los talibanes, ahora a sólo unas horas de Islamabad», declaró Clinton, precisando que una alianza de talibanes y combatientes islamistas intenta «tomar el control del Estado paquistaní, que como sabemos es un Estado nuclear».
El gobierno tuvo que negociar a mediados de febrero un alto el fuego a cambio de la instauración de tribunales islámicos en el valle de Swat, ante la incapacidad o la falta de voluntad del ejército para enfrentar a los combatientes vinculados a Al Qaeda y a los talibanes afganos en esa región del noroeste.
Ese acuerdo, aprobado por el presidente Asif Ali Zardari, fue calificado como capitulación por Washington.
De hecho, a pesar de que el pacto les obligaba a abandonar las armas, los talibanes de Swat, fuertemente armados, siguieron avanzando y el jueves se apoderaron del distrito adyacente de Buner.
A principios de esta semana, Muslim Jan, portavoz de los talibanes de Swat, juró imponer la más estricta Sharia, la ley islámica, a todo Pakistán, y aseguró queel jefe de Al Qaeda, Osama Bin Laden, que según Estados Unidos se esconde en las cercanas zonas tribales en la frontera con Afganistán, era bienvenido en Swat.
El líder religioso de Swat que llevó las negociaciones con el gobierno, Sufi Muhamad, sostuvo que la democracia era un concepto ajeno al islam y que los talibanes tenían la intención de eliminarla en Pakistán.
Estados Unidos, que multiplica desde hace casi un año los disparos de misiles contra Al Qaeda en su nuevo refugio en las zonas tribles paquistaníes, se preocupa de la «talibanización» creciente en la República Islámica de Pakistán, potencia nuclear del sur de Asia.
A principios de esta semana, Richard Holbrooke, el representante especial del presidente estadounidense Barack Obama para Pakistán y Afganistán, expresó su inquietud por acuerdo de Swat.
«No debería preocuparse tanto, es nuestro país y conocemos mejor que él la realidad del terreno», contestó el martes el primer ministro pakistaní Yusuf Raza Gilani, asegurando que ya se podía observar una «vuelta a la normalidad» en Swat. Estas declaraciones provocaron la ira de la prensa local, que criticó la «política del avestruz» del gobierno.
«Señor Gilani, no solamente se inquieta el señor Holbrooke, sino también todos los paquistaníes, atemorizados por esta amenaza», contestaba el diario The News, instando «al ejército y al gobierno» a reaccionar.