El sueño imposible


Todos tenemos derecho a soñar con una Guatemala diferente que mejore en todos los aspectos para lograr cambiar un poco el triste destino que parece perseguirla. Uno de esos sueños es el que todos lo ciudadanos podamos tener libre acceso a la información pública que se genera dentro de las instituciones del Estado para saber fundamentalmente qué es lo que estos entes y funcionarios estatales hacen con nuestro pisto.

Héctor Luna Troccoli

 La tarea de facilitar ese acceso a la información se ha recargado en buena parte en la Procuradurí­a de los Derechos Humanos y los más interesados en su aplicación parecen ser los medios de comunicación que NO son pro gubernamentales. Sin embargo, aunque lo vaticiné hace varios dí­as sobre la inoperancia de la ley, a pocas  horas de su entrada en vigencia ya empieza a salir el lodo con el que fue llenado lo que parecí­a un suculento pastel. Someramente paso a señalar por qué no va a funcionar.

La misma ley ya trae consigo las limitaciones para ser una carabina de Ambrosio. Uno, las instituciones públicas tendrán plazos para dar la información, los cuales serán de hule o sea que de una u otra manera se alargarán como ocurre con los procesos judiciales; dos, un funcionario que no entregue la información requerida se le impondrá la «extraordinaria» pena máxima de prisión de tres años (conmutables por supuesto) mas una multa de Q10,000 a Q50,000, tres; por el contrario, si un funcionario da información «catalogada» como confidencial, se le castigará con prisión de cinco a ocho años (inconmutables) y multa de Q100,000, lo cual quiere decir que todo funcionario que NO QUIERA SOLTAR INFORMACIí“N QUE LO PERJUDIQUE A í‰L O SUS CUATES, tendrá el argumento de que «no quiere pasar ocho años en prisión y pagar Q100,000 por dar informaciones «confidenciales», cuatro, la misma ley exceptúa de esas informaciones (que por supuesto son de las que más interesan) aquellas consideradas «secretas» o dadas bajo garantí­a de confidencia….

 Pero aún hay más. Ya el mismo presidente Colom dijo que no se darán los datos sobre los cientos de millones de quetzales que gasta Cohesión, Social; el Presidente de la Corte Suprema ya dijo ¡por supuesto!, que analizan si dan información sobre sueldos viáticos, bonos, viajes y otras prebendas de que gozan los magistrados de esa Corte y altos funcionarios del OJ, para garantizar su «integridad fí­sica», lo que implica que estamos hablando de sumas cuantiosas al igual que los Q300.00 que entregan mensualmente a familias pobres y que Cohesión Social no da nombres ni direcciones para evitar -según palabras de uno de los tantos voceros gubernamentales-, que sean objeto de «un secuestro o extorsión»Â Â¡Pu…chicas! y ¡vóytelas!; para seguirla fregando un ilustre y desconocido abogado ya planteó un recurso de inconstitucionalidad contra esa ley, apenas CUATRO MINUTOS DESPUí‰S DE ENTRAR en vigor, aquí­ hay dos preguntas básicas ¿quién o quienes serán los «padrinos» de este abogado? y ¿cómo resolverán los «honorables» magistrados de la Corte de Constitucionalidad que al igual que sus colegas de la otra Corte no querrán dar a conocer los miserables sueldos que ganan y las prebendas de que disfrutan?. Ya la Cancillerí­a adelantó que hay cierto tipo de información «reservada» es decir que no la darán, amparándose seguramente en el artí­culo constitucional que no permite revelar secretos de Estado en el orden diplomático y militar, fuera de algunas leyes ordinarias que también garantizan confidencialidad en las actuaciones de ciertos organismos y entidades (tributario, penal, bancario, etcétera). El abrir oficinas para que lleguen ciudadanos, periodistas y cualquier interesado alguna información se quedará chiflando en la loma antes de poder conseguirla, lo cual será el dí­a del juicio final.

   Pero de todo este montaje teatral de la ley de libre acceso a la información hay una cosa positiva que esperamos sirva a la Procuradurí­a de Derechos Humanos y al Ministerio Público para que actúen en contra de aquellas empresas y entidades, casi todas formadas por ex policí­as y gí¼izaches, que comercialice o distribuya por cualquier medio datos personales SIN AUTORIZACIí“N EXPRESA DE LA PERSONA, se le castigarán con prisión de cinco a ocho años y multa de Q50,000 a Q100,000 ¡Qué bien!

 doctor Morales y licenciado Velázquez, háganse la campaña pues, de realizar los primeros allanamientos y capturas en INFORNET Y TRANS UNION que comete estos delitos al igual que empresas dedicadas a «cobros» extrajudiciales y judiciales que intimidan, coaccionan, amenazan e injurian públicamente a personas individuales o jurí­dicas por deber una tarjeta de crédito o un crédito otorgado por un banco o un agiotista que para el efecto son la misma cosa. De un limón se puede hacer una limonada, terminando con estos monumentos «comerciales» a la indignidad humana. Hacer públicos errores humanos por deudas es una manera sofisticada de extorsionar a los ciudadanos.