Detrás del 24 de marzo


Hace dos semanas decí­a que ojalá que para el pasado lunes 13 pudiera contar con más elementos, información, opiniones y comentarios para intentar una aproximación a lo que en realidad pudo haber estado detrás del martes 24 de marzo. Las conversaciones e intercambios de información y opiniones, la relectura de comentarios y análisis me permiten –tentativamente– referirme a ello.

Ricardo Rosales Román
rosalesroman.cgs@gmail.com

Una hipótesis se define como la «suposición de una cosa posible o imposible para sacar de ella una consecuencia». Una hipótesis de trabajo, por su parte, es «la que se establece provisionalmente como base de una investigación que puede confirmar o negar la validez de aquella» (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua).

En ese orden de ideas, es probable que el 24 de marzo se estuviera ante la amenaza real de un golpe de Estado. Otra posibilidad es que la situación hubiera llegado a tal grado de descontrol que lo que procedí­a era imponer el estado de Sitio. Y, la tercera eventualidad es que las contradicciones «en las alturas» fueran ya irreconciliables y la salida que quedaba era la renuncia del gobernante.

í‰stas, en mi opinión, son tres de las hipótesis de trabajo a darle seguimiento a fin de establecer qué fue en realidad lo que estuvo detrás del aciago martes 24, y las consecuencias que de ello se podrí­an derivar.

Por separado y en su conjunto, los tres supuestos descritos no se pueden descartar ni dejar de considerar como el entorno inmediato, durante y después de lo ocurrido en los últimos diez dí­as de marzo. La información, opiniones y comentarios, la tensión, zozobra, pánico, intranquilidad y desesperación que cundió de inmediato era el clima propicio para favorecer como para tratar de evitar que (aunque la situación no quedara resuelta) se «ganara tiempo» a fin de no entorpecer la V Cumbre de las Américas del pasado fin de semana. Las presiones del extranjero (si es que las hubo) tuvieron que ser muchas y muy fuertes.

Se puede decir, entonces, que se está ante un compás de espera, cuyo desenlace no puede verse al margen de lo que hipotéticamente pudo o no estar detrás del 24 de marzo.

Aunque ya me referí­ a ello (Diario La Hora, 8 de abril de 2009), no está demás insistir en que los asesinatos y los heridos que hubo aquel dí­a, están por debajo de la mitad de las 15 ó 16 muertes violentas que ocurren en el paí­s diariamente, y de los lesionados por proyectiles de armas de fuego. Según la Policí­a Nacional Civil (PNC), del 2000 al 2008 han muerto violentamente 32 mil 259 personas y en los centros de socorro han sido atendidos 58 mil 265 heridos por impactos de bala. (elPeriódico, 20 de abril de 2009).

Radio Sonora y los canales de televisión a que pertenece, enderezaron sus baterí­as informativas en dos direcciones no contrapuestas: una, crear el clima de opinión propicio para implantar el estado de Sitio; y, dos, apoyar y respaldar a un gobernante debilitado y tambaleante.

Por su parte, uno de los columnistas de Siglo XXI opinó que el presidente debí­a renunciar (28 de marzo de 2009). Del golpe de Estado algo se insinuó en los medios, mas fue de boca en boca como se generalizó el rumor.

De los siete gobernantes que ha tenido el paí­s en los últimos 23 años cuatro son, en mi opinión, los que han estado sometidos a fuertes presiones por parte de las élites del poder económico a fin de obligarlos a plegarse a sus condiciones e intereses.

Uno de ellos fue el demócrata cristiano Vinicio Cerezo Arévalo (1986-1991) a quien lograron reducirle al máximo «su poder» y obligarlo a dar marcha atrás en su propósito de acordar una reforma fiscal. Otro, es el actual que no por su dizque afiliación social demócrata sino por su ineptitud, se sabe hasta dónde las élites pueden permitirle que se mueva. A un tercero, el evangélico Jorge Serrano Elí­as (1991-1993), lo depusieron «sin romper el orden constitucional». Al controvertido Alfonso Portillo (2000- 2004) no lo aguantaron ni lo pudieron utilizar.

En el contexto actual, habrá que considerar otros componentes más que configuran y podrí­an ser determinantes al momento de darse un desenlace a la tan agravada situación en que se tiene al paí­s. En una plática a la que asistí­, entre los que opinaron, alguien dijo que en cuanto al desenlace –sin precisar cuál podrí­a ser– por ahora era todaví­a prematuro hablar, pero para septiembre podrí­a ser demasiado tarde.

Para quienes ya lo olvidaron o no lo saben, es oportuno recordar que un dí­a como hoy, hace 139 años, nací­a en Simbirsk, Rusia, Vladimir Ilich Ulianov Lenin, forjador del poder soviético y el primer Estado de obreros, campesinos y soldados de la historia.