La V Cumbre de las Américas que fue clausurada el pasado domingo en Trinidad y Tobago, con la participación de 34 jefes de Estado, entre ellos el recién estrenado Presidente de Estados Unidos Barack Obama, ha marcado el inicio de una nueva era en las relaciones de las naciones del continente.
Entre los aspectos sobresalientes destaca el ambiente de franqueza y cortesía que prevaleció en todo momento, al grado que los gobernantes pudieron expresar con claridad la postura de sus países sobre la inclusión de Cuba en estas conferencias, y su reintegro al sistema interamericano, además de demandar el levantamiento del criminal bloqueo económico y comercial que Estados Unidos impuso a la isla desde hace varias décadas.
La Cumbre Hemisférica se caracterizó por un ambiente de diálogo y de respeto. Estados Unidos dio un viraje admirable. El Presidente de EUA confirmó su gran carisma y su indiscutible calidad de estadista, pues se sentó de igual a igual junto a los otros presidentes y tomó nota de los diferentes planteamientos. Incluso hay que recordar el momento anecdótico en que otro de los grandes líderes de la región, el presidente Hugo Chávez de Venezuela obsequió al presidente Obama un ejemplar del libro «Las venas abiertas de América Latina» escrito hace algunos años por el autor uruguayo Eduardo Galeano, en el cual expone el saqueo que la potencia norteamericana ha llevado a cabo de las riquezas de nuestros pueblos.
Aunque el Presidente de Estados Unidos evadió referirse específicamente a las peticiones de varios de sus colegas para dejar sin efecto el bloqueo a Cuba, dio muestras de su amplia voluntad para iniciar el diálogo con el gobierno de La Habana, respondiendo así a las declaraciones que el presidente Raúl Castro había formulado horas antes en la reunión extraordinaria del ALBA, la Alternativa Bolivariana para las Américas, celebrada en Cumaná, Venezuela, sobre su disposición de conversar, sin condiciones, con los representantes de Washington, acerca de diversos temas, entre ellos los derechos humanos, los presos políticos, el embargo y otros más.
El presidente Obama sugirió que una señal de buena voluntad del gobierno de Castro podría ser dejar en libertad a los disidentes que guardan prisión en las cárceles de Cuba. Sin embargo, en ese sentido el gobierno de Estados Unidos también debería dar el ejemplo no sólo dejando libres a los prisioneros políticos que mantiene en su base de Guantánamo, sino procesando a los interrogadores de la CIA acusados de aplicar torturas a esas personas. Negarse a juzgarlos es violar el Derecho Internacional, especialmente la Convención Contra la Tortura de las Naciones Unidas.