La incapacidad del Estado para tomar acciones que garanticen a las y los ciudadanos el derecho a la seguridad es execrable.
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El Ministerio de Gobernación se ha convertido en una entidad criminalizadora y por ello es urgente que las autoridades encargadas del tema de seguridad accionen con un enfoque verdaderamente integral y basado en la prevención del crimen y de la violencia más que en la represión de esos fenómenos sociales.
Con la disposición de modificar el acuerdo gubernativo 105-2009 en sus artículos 46, 48 y 185 del Reglamento de Tránsito que ordena que sólo una persona puede transportarse en motocicleta bajo el argumento de reducir con ello los crímenes cometidos contra pilotos de buses y personas particulares, el Ministerio de Gobernación convirtió en una infracción a la Ley lo que para más de medio millón de ciudadanos es una necesidad: viajar en vehículos de dos ruedas.
Con esa decisión, el Estado, por medio de Gobernación, puso a miles de guatemaltecos honrados, trabajadores y en pleno uso de sus derechos constitucionales al nivel de un grupo de «sinvergí¼enzas» y «bandidos» (como Salvador Gándara, ministro de Gobernación, califica constantemente a quienes supuestamente comenten hechos delictivos) que utilizan ese vehículo para ejecutar un crimen.
El Estado ha demostrado que es incapaz de ejercer una investigación adecuada y una persecución penal eficiente contra estos individuos, llenos de calificativos, pero nunca individualizados.
El propio Gándara declaró un día después que entrara en vigor esa medida: «Yo podría garantizar que casi el 80% de esos asesinatos se han cometido desde una motocicleta». Sus declaraciones como sus medidas se acoplan de algún modo a la historia de Herodes (rey de Judea durante el reinado de César Augusto), que ante el temor a que se cumpliera la profecía del Mesías y perder con su nacimiento su reinado, ordenó masacrar todos los niños varones de menos de 2 años en la ciudad de Belén; es decir, ante la incapacidad de individualizar al niño que sería, según los escritos, el rey de los judíos, hizo que inocentes pagaran por ello.
¿Qué sigue después en Guatemala, matar de hambre a todos los pobres para terminar definitivamente con la pobreza?
La falta de prevención en el tema de seguridad, sumada a un sistema de rehabilitación de las personas privadas de libertad completamente ineficaz, un Ministerio Público superado por la corrupción y la deficiencia investigativa y un sistema de justicia al que sólo tienen acceso los que tienen poder adquisitivo, son elementos que orillan al Estado a tomar medidas emergentes, que no afectan a quienes las impulsan (léase funcionarios de todos los organismos) sino a la población civil y en particular a la de escasos recursos.
La actitud del actual Ministro, de sus predecesores y del propio gobierno, es demagógica y repetitiva, ya que por años los encargados de la administración del Estado la han asumido: ofrecer a la población, legítimamente alarmada por la violencia, soluciones «inmediatas» antes que implementar acciones con un enfoque integral que supuestamente sólo produce resultados a largo plazo.