Comienzan las legislativas en India


Una mujer india muestra su dedo con la señal de que ya votó. FOTO LA HORA: AFP PRAKASH SINGH

India, la mayor democracia del mundo con 714 millones de electores, golpeada por la crisis económica mundial y el terrorismo del sudeste asiático, inició hoy en 15 estados y dos territorios unas elecciones legislativas que durarán un mes.


La India reporta el mayor número de votantes de un paí­s que convoca a elecciones. Desde hoy, se aprecian largas filas en los centros de votación. FOTO LA HORA: AFP NOAH SEELAM

Calificados como el «mayor ejercicio democrático del mundo», los comicios se desarrollarán en cinco fases, hasta el 13 de mayo. En estas elecciones, los indios elegirán 543 diputados de la Asamblea del Pueblo, que representa a los 28 estados y siete territorios de la Unión India.

Este jueves, en la primera etapa, que terminó a las 17H00 locales (11H30 GMT), un total de 143 millones de votantes fueron llamados a votar en los colegios electorales en 124 circunscripciones de 15 estados y dos territorios del norte, este y sur.

En esta primera jornada de elecciones, la Bolsa de Bombay cayó 2,99%, después de ocho dí­as seguidos de alza.

Justamente, en el este de la India, rebeldes maoí­stas mataron entre miércoles y jueves a 18 personas, entre éstas 10 paramilitares desplegados para velar por la seguridad de las elecciones legislativas, anunciaron responsables oficiales.

Una parte de la Cachemira india -de mayorí­a musulmana y donde desde 1989 está activa una insurrección separatista de grupos islamistas armados procedentes de la Cachemira paquistaní­- votó en medio de importantes medidas de seguridad por temor a represalias de grupos musulmanes separatistas.

En este paí­s de 1.170 millones de habitantes se desplegarán 828.000 colegios electorales desde Bombay hasta la frontera birmana y Cachemira, en el norte, hasta el extremo sur de Kerala, vigilados por 6,1 millones de policí­as, soldados y observadores civiles.

En una India totalmente fragmentada, el primer ministro Manmohan Singh, un sij de 76 años que dirige una coalición de centroizquierda, encarna la mezcla de etnias y castas de un paí­s que cuenta con 18 lenguas oficiales y conforma la sociedad más compleja del planeta.

En 62 años de independencia, India se convirtió en una potencia atómica y en la décima economí­a mundial pese a las desigualdades sociales y tensiones religiosas entre hindúes (80,5%), musulmanes (13,5%), cristianos (2,3%) y sijs (1,9%).

En el mapa polí­tico ultradividido, ni el Partido del Congreso (centroizquierda) de Singh -presidido por Sonia Gandhi, la influyente heredera de la dinastí­a de Nehru-Gandhi y su hijo Rahul- ni la oposición de la derecha nacionalista hindú del Partido del Pueblo Indio (BJP) de Lal Krishna Advani, de 81 años, lograrán suficientes escaños para gobernar en solitario.

Las últimas encuestas sobre intenciones de voto daban ventaja al BJP.

Los resultados, que se conocerán el 16 de mayo, son de momento inciertos aunque podrí­an desembocar en un gobierno de coalición formado en base a alianzas postelectorales «puramente circunstanciales y sin coherencia ideológica» entre partidos nacionales y formaciones regionales, auguran los analistas.

En ese contexto, el jefe del gobierno del estado septentrional de Uttar Pradesh (182 millones de habitantes y 80 escaños en la Asamblea), el hindú «intocable» Mayawati Kumari y su Partido de la Sociedad Dalit, podrí­a convertirse en árbitro de las elecciones para el Partido del Congreso o para el BJP, e incluso en primer ministro al frente de un grupo heteróclito de pequeños partidos.

«Todo se jugará en una «»decimosexta fase» después del 16 de mayo», pronosticó Yogendra Yadav, del Centro para el Estudio de Sociedades en Desarrollo de Nueva Delhi.

La lucha contra la pobreza, la recesión en Occidente, la educación o la lucha contra el terrorismo centraron las campañas del Congreso y del BJP pero, según los politólogos, el resultado de las elecciones lo determinarán los asuntos locales y regionales.

MUSULMANES Desorientados


La minorí­a musulmana de India, integrada por 140 millones de personas, se siente abandonada e incluso estigmatizada y no sabe por qué partido votar en las elecciones legislativas que comenzaron el jueves en un paí­s de mayorí­a hindú con una historia marcada por la violencia.

Los musulmanes no confí­an demasiado en el Partido del Congreso en el poder (centroizquierda) por el que suelen votar, al considerar que incumplió sus promesas en materia de educación y de empleo.

«Unos partidos polí­ticos expresan sus simpatí­as, otros nos quieren marginar y algunos nos odian», dice con amargor Aftab Ahmed, un comerciante, cerca de la Jama Masjid de Nueva Delhi, la mayor mezquita de India.

«Nos tratan como un problema, no como a seres humanos», lamenta, sin saber por quién votar en las legislativas que terminan el 13 de mayo.

Parte de la familia de Aftab fue masacrada durante la división sangrienta del «Raj» británico que dio a luz en 1947 a un nuevo Pakistán islámico y a una India laica.

Seis décadas después, muchos musulmanes tienen carrera universitaria o dirigen empresas.

Pero muchos miembros de esta minorí­a -al igual que los hindúes de castas inferiores- sufren de discriminaciones en el mercado laboral en comparación con los indios de castas superiores, recalcaba en 2007 un estudio de la universidad estadounidense de Princeton.

Una comisión abierta por el Partido del Congreso concluyó que los musulmanes eran discriminados en términos económicos o educativos, como lo son los intocables hindúes.

Según los politólogos, el hecho de que muchos musulmanes no se hayan inscrito en las listas electorales es una señal de «pérdida de confianza en la democracia india».

«Deme una buena razón para que los musulmanes vivan en India», pide a la AFP Mehroob Bano, un abogado musulmán del estado de Gujarat (oeste) que lucha por la libertad de sus correligionarios acusados por el gobierno local de haber incendiado un tren en febrero de 2002.

Cincuenta y nueve peregrinos hindúes murieron en este incendio, aparentemente accidental, que desató los peores disturbios entre hindúes y musulmanes desde 1947.

Al menos 2.000 personas –casi todas musulmanas– fueron perseguidas, quemadas vivas o asesinadas por hindúes.

El primer ministro local actual, Narendra Modi, del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata (Partido del Pueblo Indio, BJP) está acusado de haber permitido deliberadamente que degeneraran estos episodios violentos interconfesionales.

Su gobierno tampoco apoyó la tesis del incendio accidental del tren, defendida por una comisión de investigación privada.

Siete años después «nos toman como blanco, nos humillan, nos califican de terroristas e incluso nos meten en la cárcel sin juicio», fustiga Bano.

En 1992, nueve años antes de estos disturbios de Gujarat, ya hubo una oleada de violencia después de que miles de fanáticos hindúes destruyeran una mezquita del siglo XVI en Ayodhya (norte), en el presunto emplazamiento de un templo hindú.

Y 2.000 personas murieron en 1993 en enfrentamientos entre la mayorí­a hindú (80,5%) y la minorí­a musulmana (13,5%).

El BJP, que quiere volver a recuperar el poder en Nueva Delhi, prometió construir un templo hindú en Ayodhya y algunos de sus candidatos pronunciaron durante la campaña discursos antimusulmanes.