Treinta y cuatro dirigentes de las Américas se reunirán mañana en Trinidad para celebrar, en medio de la crisis financiera global, una cumbre que puede marcar el reencuentro de Estados Unidos con sus vecinos del sur y que tendrá entre sus protagonistas a un país ausente: Cuba.
Es la primera vez que un Estado del Caribe recibe una Cumbre de las Américas y su organización supuso un verdadero desafío logístico para este pequeño y próspero país, convertido en una fortaleza para esta Quinta reunión.
En Puerto España, la capital, todo está listo para recibir a los líderes del continente que se reunirán hasta el domingo con una agenda enfocada teóricamente en las formas de garantizar la prosperidad, la seguridad energética y la democracia para los 800 millones de personas que representan.
En la práctica, los temas que centrarán esta cumbre no están en el programa oficial y serían la presencia de Obama, la cuestión del bloqueo a Cuba y la crisis financiera mundial.
Puerto España será el lugar del primer encuentro entre el presidente estadounidense Barack Obama y sus vecinos del sur de América, después de años de relaciones marcadas por la tensión o simplemente por el abandono.
«La época en que Estados Unidos actuaba unilateralmente, en que dictaba y no escuchaba, esa época se acabó (…) Estamos comprometidos en trabajar estrechamente con nuestros vecinos en el hemisferio», garantizó Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, recientemente.
Obama tiene previsto reunirse en Puerto España separadamente con los líderes de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), del Caribe y los centroamericanos.
Según Jeffrey Davidow, asesor especial del presidente estadounidense para esta cumbre, el dirigente acudirá a Trinidad a escuchar y no a proponer.
Frente a él, tendrá a dirigentes que confían en un nuevo diálogo con Washington, como es el caso de Brasil o Chile, y aquellos que miran con desconfianza cualquier propuesta estadounidense y exigirán el fin del bloqueo contra Cuba, como son Venezuela o Nicaragua.
El lunes, Obama anunció el levantamiento de restricciones para los viajes de cubanoestadounidenses a la isla y para el envío de remesas y este jueves solicitó a La Habana que envíe una señal de que habrá «cambios» en la isla, citando por ejemplo una liberación de prisioneros políticos.
Según el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, la cuestión de Cuba no está presente en la declaración final de Puerto España, algo que varios líderes latinoamericanos consideraron «inadmisible».
El texto oficial que firmarán los dirigentes el domingo, del que sólo se sabe que tiene 97 puntos, es resultado de diez rondas de negociaciones y su contenido disgustó al líder cubano Fidel Castro.
Según fuentes cercanas a la negociación, dos artículos de esta declaración final sobre el papel de la OEA a la hora de garantizar la gobernabilidad democrática y los derechos humanos siguen bloqueando la aprobación final de este texto debido a la oposición de países como Venezuela y Nicaragua.
Otra cuestión que estará inevitablemente presente en Puerto España será la crisis financiera, ausente del primer borrador de la declaración final porque la situación económica a mediados de 2008 no era la misma, según la OEA.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las economías de la región retrocederán un 0,3% en 2009.
América Latina planteará en esta cumbre si los recursos extraordinarios para instituciones financieras aprobados por el G20 en su reciente reunión de Londres beneficiarán a entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Policías y efectivos militares de diversos países del Caribe, apoyados por Estados Unidos o Brasil, garantizan la seguridad durante este evento de dos días, durante el cual no se esperan manifestaciones significativas.
«Esta cumbre nos costará demasiado pero Trinidad será primera página en el mundo y además, veremos de cerca a Barack Obama», celebra Linda Bethel, una comerciante del centro de Puerto España, mostrando postales y recuerdos con la foto del mandatario estadounidense.
La vida apacible de esta isla del Caribe se ha visto interrumpida por los preparativos para la cumbre de las Américas, que reunirá del 17 al 19 de abril a 34 mandatarios del continente.
El excesivo costo de esta reunión, que según la prensa local provocará un déficit presupuestario en esta próspera república, ha provocado numerosas críticas contra el primer ministro, Patrick Manning, quien insiste en que la cumbre relanzará el papel del Caribe en foros internacionales.
Pero por encima de las críticas, la idea de recibir al nuevo mandatario estadounidense llena de entusiasmo a muchos habitantes de Puerto España, la capital, descendientes en su mayoría de esclavos africanos, que se ven identificados con el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
«Lo queremos, lo admiramos y por eso en Puerto España no habrá manifestaciones contra él», afirma Evelyn Reyes, una anciana que asiste impasible a los últimos preparativos para la cumbre frente al hotel Hyatt, sede de las reuniones.
Retratos de Obama acompañado de su esposa Michelle o montajes en los que aparece al lado del líder negro asesinado Martin Luther King abundan en la plaza de la Independencia, en el corazón de Puerto España.
«Es un honor y una responsabilidad que Obama venga a Trinidad. Es un negro como nosotros, un hermano», afirma Tracy Ali, una joven estudiante de Derecho.
A diferencia de otras cumbres de las Américas, las manifestaciones en Puerto España, previstas para el viernes por varios sindicatos, no serán contra el presidente estadounidense sino contra Manning y su organización de esta cumbre.
Según la prensa local, el primer ministro gastó el doble de los más de 500 millones de dólares trinitarios (84 millones de dólares americanos) previstos inicialmente para esta cita continental, la primera organizada en un Estado del Caribe.
«Nosotros lo vemos como una inversión en el futuro, una oportunidad para que nuestro país, y de hecho todo el Caribe, tenga mayor voz en la comunidad internacional y la posibilidad de contribuir a la agenda hemisférica en el futuro», declaró Manning en estos días.
La compra de automóviles de lujo y de autobuses que cuestan 200.000 dólares cada uno para las delegaciones oficiales, los dos enormes barcos contratados para servir de hotel y sala de reuniones, las obras realizadas para embellecer la ciudad y el gasto en personal es visto por muchos como un despilfarro que no traerá ningún beneficio para los habitantes de Puerto España.
«Pasará a la historia como un error de gestión que provocó un déficit presupuestario y no nos aportó nada», apunta Kimberley Street, maestra de escuela, cerca del hotel Hyatt, una inmensa torre a orillas del mar convertida en una fortaleza blindada para esta cumbre.
«La gente protesta pero esto es el Caribe y todo se habrá olvidado dentro de dos días. Manning lo sabe y por eso aguanta hasta que pase», asegura Errol Georges, ingeniero jubilado del sector petrolero.
Aliado de Estados Unidos, el primer ministro de Trinidad y Tobago confía en que tras esta cumbre de las Américas, su país, hasta hoy desconocido por muchos, pueda atraer más inversiones en la industria o el turismo.
«Creemos que vale la pena» este «gasto considerable», afirmó. «Somos sede de un acontecimiento mundial y reconocemos que la atención del mundo estará centrada no sólo en Trinidad y Tobago sino en el esfuerzo que hace el Caribe en su conjunto», apuntó el político.