Prevén polarización para elecciones


La polarización entre la oposición y el oficialismo en la aprobación de una ley electoral –que incluyó la huelga de hambre del presidente Evo Morales–, será aún mayor a medida que se aproxima la elección presidencial de diciembre, que será «la madre de todas las batallas», según analistas.


El martes fue promulgada la ley electoral, que posibilita elecciones presidenciales y legislativas tras un intenso forcejeo de seis dí­as, que incluyó la huelga de hambre de Morales (levantada una vez que la ley fue aprobada), amenazas de cerco al Congreso para intimidar a los parlamentarios opositores y cruce de epí­tetos entre las dos bancadas.

Tras la promulgación de la ley, tanto el gobierno como la oposición salieron a proclamar su triunfo en este pulseo.

«La democracia le ganó a la dictadura, al cerco y a la imposición», dijo Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz, considerado el principal opositor de Morales.

Mientras tanto el vicepresidente Alvaro Garcí­a Linera calificó de «golpistas y fascistas» a sus adversarios y expresó su confianza de que «serán desplazados del poder» en las elecciones.

Para el analista polí­tico Carlos Cordero, la oposición polí­tica de derecha y de centroderecha que controla el Senado «logró casi todo lo que demandó», porque logró imponer al gobierno un nuevo padrón electoral pues considera que el sistema manual vigente de votantes es poco confiable y fácilmente manipulable.

Según Cordero, «la madre de todas las batallas será la elección de diciembre», en las que Morales intentará ganar por un nuevo perí­odo de 2010 a 2015, pues es muy probable que la oposición utilizará todo tipo de estrategias para impedir su victoria.

Para el constitucionalista Jorge Lazarte, «la oposición ganó más que el Poder Ejecutivo. Los segundos grandes perdedores son los pueblos indí­genas, que fueron objeto de la negociación y no pudieron impedir ser usados».

Esto en referencia a que el gobierno debió ceder 7 de los 14 escaños que pedí­a en la Cámara Baja para circunscripciones indí­genas

Para el politólogo Jorge Kafka,»el gobierno tení­a expectativas más elevadas con los escaños indí­genas, aspecto que negoció y tiene un costo polí­tico pero logró una victoria relativa con la votación de los bolivianos en el exterior. Se puede hablar de empate, cuyo desempate se dará en las elecciones de diciembre».

La discusión más importante fue la del padrón electoral, que el gobierno se negaba a revisar. Aunque sea una cuestión técnica, demoras en implementar el nuevo padrón o dudas sobre su eficiencia puede volver a generar tensión polí­tica en el paí­s.

El investigador social Roger Cortez dijo a la AFP que eso es un problema potencial ya que «presenta aparentemente muchas dificultades apiladas».

Cortez cree que en la medida de que se acercan las elecciones «tienden a aparecer por todos lados conflictos, porque hay la tendencia de varios sectores sociales de obtener ventajas» polí­ticas.

Morales, que aplica una polí­tica de fuerte contenido estatista e indí­gena, lanzó el martes su candidatura presidencial, acompañado por obreros y campesinos que lo apoyan hasta el delirio.

Morales, quien llegó a la presidencial con una votación de 54%, aseguró que se podí­a ganar con el «60 a 70% de los votos».

La oposición, en cambio, no tiene candidato o candidatos que le hagan frente a Morales, pues su rol se asentó, principalmente, en el trabajo desperdigado de cuatro de los nueve prefectos de Bolivia, lo que ha producido lí­deres regionales pero sin proyección nacional.

El ex presidente conservador Carlos Mesa y el ex vicepresidente Ví­ctor Hugo Cárdenas han anunciado intención de participar pero no la han oficializado.

Según analistas el juego mayor está en las legislativas, pues para el Gobierno es crucial dominar el Senado (cámara alta) donde actualmente la oposición es mayorí­a y se ha convertido en freno a algunos proyectos del gobierno.